Skip to main content

Full text of "Tinieblas y luz : drama en tres actos y en verso"

See other formats


10V04 






TINIEBLAS Y LUZ 






DRAMA EN TRES ACTOS Y EN VERSO 



ORIGINAL DE 



José TTl." Gutiérrez Palacio 




OVIEDO 


Establecimiento Tipográfico de Uría Hermanos 


Calle de San Juan, núm. 8 


1917 


ai 



TINIEBLAS Y LUZ 



Esta obra es propiedad de su autor, y na- 
die podrá, sin su permiso, reimprimirla ni 
representarlo en España ni en los países con 
los cuales se hayan celebrado o se celebren 
en adelante tratados internacionales de pro- 
piedad literaria. 

El autor se reserva el derecho de traduc- 
ción. 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 



TINIEBLAS Y LUZ 



DRAMA EN TRES ACTOS Y EN VERSO 



ORIGINAL DE 



José lT?. a Gutiérrez Palacio 




OVIEDO 

Establecimiento Tipográfico de Urít Hermanos 
Calle de SanJum, núm. 8 

1917 



dedica esta obra* 
&0*¿ ¿Sflaría Gutiérrez. 



Personajes 



Tomáe, zapatero 

María, su esposa 

Lucila, hermana de Tomás 

Juan, escribiente 

Saldaña, obrero 

Martin, obrero 

Un. cabo, del ejército 

Fray Roque . • 

Un fotógrafo periodista 

Una niña 

Jefe de policía 

Policías 

Un hombre del pueblo 

Dos muchachos 

La escena en -Barcelona 
Spoca acfuaí 

En el primer acto la escena representa una habitación pobre de piso 
bajo que tendrá una puerta por ei fondo que comudica con la calle; 
otra puerta por la derecha que da i á al interior de la casa, otra tercera 
puerta pequeña por la izquierda que da a una habitación. Al foodo y 
entre la puerta principal y la de la izquierda nna pobre mesa de zapa- 
tero con los utensilios del oficio; una pequeña estantería con hormas 
y otros efectos, y entre estos, algunos libros y folletos. 



«-S^gRgp^ 



ACTO PRIÍT?ERO 

ESCENA I 

MARÍA y TOMÁS 

Tomás sentado y trabajando en el oficio; María sentada a su ltdo y 
cosiendo. Tomás vestirá blusa larga. 

TOMAS Están los tiempos muy malos: 

tan poco es lo que se gana, 

y eso trabajando mucho, 

que para comer no alcanza. 
MARÍA Cortita la ración es; 

pero comemos ... y basta. 
TOMAS Sí; mas otros hay que comen 

mejor y nunca trabajan. 
María ¡Pero, hombre! ¿tú has de estar siempre 

lamentando la desgracia 

de tener que trabajar? 

Así es que la vida amargas 

envidiando ajenas dichas, 

y no te contenta nada; 

pasas las horas enteras 

y días y hasta semanas 

taciturno, pensativo, 

iracundo, hecho una rabia. 

¿Que otros comen bien. . .? ¡que coman! 

¡qué más te da! pues lo pagan; 

y aunque mal otros lo pasen 

no por eso bien lo pasas. 
TOMAS Que trabajen como yo, 

y que con otros repartan 

sus tesoros, sus riquezas; 

669076 



TINIEBLAS 



que son nuestras. 

MARÍA ¡Vaya, vaya! 

la canción de siempre. 

TOMAS Sí; 

mas tú no sabes cantarla. 

MARÍA ¡Qué falta hace! Lo que sé, 

Tomás, es que antes estabas 
risueño siempre, contento, 
alegre como unas pascuas, 
satisfecho. Entonces sí 
que con frecuencia cantabas; 
y no digas tú que entonces 
' la abundancia nos cercaba; 
no era menor el trabajo, 
no era mayor la ganancia; 
comías como ahora comes, 
gastabas como ahora gastas. 
Lo que hay es, que esos amigos 
de quien tanto te acompañas, 
y que quisiera, Tomás, 
no verlos más aquí en casa, 
te trastornan la cabeza 
con sus malas propagandas. 

TOMAS La canción de siempre. 

MARÍA Sí. 

No me canso de cantarla; 
pero veo que es inútil. 
De buena gana quemara 
ese montón de folletos 
y libros que tanto guardas; 
sobre todo esos de Roque 
Bermúdez, que disparata 
de lo lindo, según dicen. 

TOMAS ¡Es un sabio! ¡no le iguala 

en escribir ningún otro! 

María ¡Si hiciera yo lo que él manda, .! 

TOMA8 ¿Qué? 

MARÍA ¡Me avergüenzo al pensarlo...! 

TOMAS No acanseja cosas malas. 

María ¿No aconseja el amor libre? 

TOMAS Sí. 

maria Pues si yo... 

TOMAS Te matara. 






Y LUZ 





Porque estimo más la honra 




que la vida. 


MAIRA 


¡Hola...! ¡Vaya ..! 




Mira, pon fuego a esos libros 




y papeles, pues te sacan 




de quicio. 


TOMAS 


Son mi tesoro. 


MARÍA 


Don Quijote de la Mancha 




perdió el seso por leer 




libros que le trastornaban. 




Y un cura los quemó todos. 




También para tí hace falta 




otro cura. 


TOMAS 


¡Un cura dices? 




Ninguno entrará en mí casa. 




(A no ser a comprar botas.) 


MARÍA 


Con esas cosas espantas 




a los parroquianos, 


TOMAS 


¡Quiá! 


MARÍA 


Y hasta temo que a tu hermana 




la perjudiques. 


TOMAS 


¿Por qué? 


MARIA 


Ya sabes lo adelantadas 




que con Juan sus relaciones 




están. 


TOMAS 


Losé. 


MARÍA 


Y sabes que hablan 




ya de casarse. 


TOMAS 


También. 


MARÍA 


Pues como son tan contrarias 




las ideas que Juan tiene 




a las tuyas... 


TOMAS 


Eso nada 




puede influir para el caso: 




puesto que las de mi hermana 




son lo mismo que las de él, 




y aun un poco más fanáticas, 


\ 


no le importará que yo 




piense de otro modo. ¡Lástima 




que sea tan clerical! 


MARÍA 


Precisamente me agrada 




que lo sea. Di: ¿prefieres 




acaso a Pedro Saldaña? 



10 



TINIEBLAS 



TOMAS 


Para amigo quiero a Pedro. 




Para esposo de mi hermana, 




no hay duda ninguna, a Juan; 




y eso que ya está en la raya 




de la burguesía. 


MARÍA 


¡Bah! 




A un escribiente que gana 




el pan quemando las cejas 




¿ya tú por burgués le tachas? 


TOMAS 


Aun no sé si es escribiente. 


MARÍA 


El lo dice. 


TOMAS 


Eso no basta. 




Y pues habla de casarse, 




sería bien te informaras 




de quien es, y muy a fondo, 




que hay apariencias que engañan. 


MARÍA 


¡Ah! 


TOMAS 


¡Qué! 


MARÍA 


Que llama la niña. 




Despertó un poquito mala, 




y no la mandé a la escuela. 


TOMAS 


Pero ¿qué tiene? 


MARÍA 


No es nada; 




se ha desayunado bien, 




y ha rato está levantada. 




Hoy se entretiene tu madre: 




la pobre, tan delicada 




é impedida, con la niña 




alegres las horas pasa. 


TOMAS 


Niña mas buena y hermosa 




no se encuentra en toda España. 


MARÍA 


Es el retrato del padre, 




y por eso es tan salada. 


TOMAS 


El de la madre. 


MARÍA 


¡Tomás, 




la madre es mucho más guapa! (En guasa) Vase 




por la puerta de la derecha ) 



ESCENA II 



TOMAS 

TOMAS Vale un mundo mi mujer; 

es del todo angelical; 



Y LUZ 1 1 

un poquito clerical.,. 

¿pero qué la hemos de hacer? 

La verdad es que conviene 

que algo crean; si son bellas 

y entra ajeno amor en ellas 

ni el demonio las contiene. 

También antes yo recé, 

también antes yo creí; 

pero ya la fé perdí. 

¡Y que ciega era mi fé! 

Sobre los ojos un velo 

impenetrable tenía; 

y por eso yo veía 

donde sólo hay aire, cielo; 

donde hay mentira, verdad; 

donde hay hombres inhumanos 

y explotadores, hermanos; 

donde nada, eternidad. 

Mas el despertar llegó 

viendo que tras una vida 

trabajosa y aflijida 

nada puedo esperar yo. 

¿Esto es acaso vivir? 

No hay vida más que en la tierra. 

La vida en esto se encierra: 

nacer, trabajar... morir. 

De ella gran parte está andada. 

¿Qué me queda? ¡La vejez; 

la tumba con su hediondez... 

y tras de la tumba... ¡nada! 

Y si no hay Dios y no hay cielo, 

y si no hay más vida que esta, 

sólo disfrutar me resta 

de la vida en este suelo. 

¡Mas ay! que amarrados miro 

al trabajo vil mis brazos, 

y en vano a romper los lazos 

que así me amarran aspiro! 

Una sociedad maldita 

me apresa con fuertes garras. 

¿Quién romperá esas amarras? 

¿Quién? ¿quién..? ¡Ah! la dinamita. 

Un puñado de atrevidos 



12 



TINIEBLAS 



la riqueza atesoraron, 
y a los demás nos dejaron 
al trabajo reducidos. 
¡Guerra a los burgueses, guerra; 
devuélvannos el tesoro, 
venga un puñado del oro, 
venga un pedazo de tierra! 



ESCENA III 

TOMÁS y luego un muchacho vendedor de periódicos con un paquete 

de ellos 

(Se oye fuera de escena la voz de un muchacho que dice 
en tono de anuncio) 

MUCHACHO «La Lucha» 

TOMAS Venga La Lucha. (Dirigiéndose a la 

puerta del fondo.) 
MUCHACHO «La Lucha de Clases» . 

TOMAS (Asomándose a la puerta) ¡Venga! 

¡Chiquillo, la Lucha! 
MUCHACHO Tenga (desde la puerta y entre- 

gándole un periódico a Tomás) 
TOMAS ¿Es mucha la venta? 

muchacho Mucha. 

TOMAS Pues corre y sigue vendiendo; 

esa es tu mejor escuela. (V as e el muchacho. Tomás 

vuelve al sitio y sebienta.) 

Mientras remoja esta suela 

noticias iré leyendo. (Se pone a leer el periódico) 

¡A ver de bombas qué trae! 

Es lo que más me interesa. 

¡Rayos! ¡Vaya una promesa! 

Por ver si en las redes cae 

ese famoso anarquista 

que las pone, ofrecen dar 

diez mil duros (¡ya es pagar!) 

a quien dé segura pista. (Pausa). 

A recurso bien cobarde 

apela el Gobierno artero. 

De nada valdrá el dinero, 

de nada, que se lo guarde. 

¿Se defiende con promesas 

esa sociedad maldita? 



Y LUZ 13 

¡Bien! pues tendrá dinamita; 
trocada será en pavesas. 
Otra bomba, y otra, y ciento, 
y en la rambla, y donde quiera. 
Y ahora mismo, que fuera 
el dilatarlo un momento 
insensata cobardía. 
Otra bomba, si, que estalle 
en la mitad de la calle 

y a la luz del claro día. (Vase por la puerta de la iz- 
quierda.) 

ESCENA IV 

MARÍA (Entrará por la puerta de la derecha) 

maria ¡Tomás! ¡No está! Se marchó. 

jHace cada escapatoria! 
Ya van picando en historia 

tantos viajes. !No sé yó...! (Vase por la puerta de lax 

derecha^ 
ESCENA V 

TOMAS 

(Entrando por la izquierda con un bulto bajo la blusa) 

TOMAS Ya está la bomba dispuesta. 

El espanto sembrará, 
y al vil anuncio dará 
pronta y cumplida respuesta. 
Serán la muerte y la ruina, 
con el estruendo terrible, 
preludios de lucha horrible 
que en el mundo se avecina. (Vase por el fondo) 

ESCENA VI 

MA.RIA y luego un hombre del pueblo. 

María ¡Ya va tardando en volver 

Lucila! ¿Se habrá encontrado 



14 



TINIEBLAS 





al regreso del mercado 




con Juan? Bien pudiera ser. 


HOMBRE 


¿Tomás? 


MARÍA 


No está. ¿Qué quería? 


HOMBRE 


Me podrá usted despachar; 




porque tan solo a buscar 




un par de botas venía. 




Hace un mes próximamente 




las traje para arreglarlas, 




y quiero ahora llevarlas, 




porque tengo un viaje urgente. 


MARÍA 


Pues yo no sé cuales son. 


HOMBRE 


¿Las habrá arreglado? 


MARÍA 


Sí 




(En un mes...) 


HOMBRE 


¡Si están allí! 




¡Tiradas en un rincón! (Las coge.) 




Y tal cual las he dejado. 


MARÍA 


Es que tuvo mi marido 




mucho que hacer, no ha podido 




arreglarlas. 


HOMBRE 


¡Enterado! 




Y me hallo sin botas hoy; 




pues las puestas están rotas. 




Dígame usted: ¿con qué botas 




mañana a la boda voy 




de mi prima? 


MARÍA 


Le diré 




a Tomás que hoy, enseguida, 




las despache. 


HOMBRE 


Por mi vida 




que no lo consentiré. 




Otro las arreglará. (Llevándose las botas). 


MARÍA 


Pero... aguarde, aguarde. 


HOMBRE 


No. (Vase con las botas) 


MARÍA 


¡Vaya por Dios, se perdió 




un buen parroquiano ya! 



MARÍA 



ESCENA VII 

MARÍA y LUCILA (Esta entrará por el fondo) 

Lucila, mucho has tardado: 
tanto que ya presumía 



Y LUZ 



15 



que Juan contigo vendría, 
o que acaso en el mercado 
te entretuvo. 

No le vi . 
¿Entonces? 

Ayer me dijo 
que a las tres a punto fijo 
a verme vendría aquí. 
Las tres ya dieron. 

Me extraña 
que no haya llegado ya. 
Di: ¿volvió a hablarte quizá 
de nuevo Pedro Saldaña. 
Me habló y le desengañé; 
pero es tan necio y pesado, 
tan decidido y osado, 
que a pesar de eso, no sé... 
temo insista. 

Acaso no. 

ESCENA VIII 

MARÍA, LUCILA y JUAN (Este por el fondo 



¡Lucila! 

(A parte a María) Ya está aquí Juan. 

(Me esperabas) (Aparte a Lucila.) 

(Aparte a Juan.) (Con afán 

te espero siempre a ti yo.) 

(Gracias, mi bien.) (Aparte a Lucila.), 

Tú, María, 
¿qué díees? Parece estás 
pensativa. ¿Es que Tomás 
se ausentó y no hay alegría 
para tí en casa sin él? 
Ha rato falta de aquí. 
Pues hace poco le vi. 
¿Dónde? 

Cerca del Cuartel, 
^niarrgambla. El no me vio; 
y bajo la blusa oculto 
noté qné ■ llevaba un bulto, 



16 



TINIEBLAS 



MARÍA 
Juan 



María 

LUCILA 

JUAN 

LUCILA 

JUAN 



¿Y adonde fué? 

¡Qué sé yo! 
Le perdí al punto de vista. 
¿Tiene parroquia hacia allí? 
Creo que no. 

Tal vez sí. 
Iría al Centro anarquista. 
Puede ser. 

Es un dolor 
que trate con esa gente 
Tomás, que es hombre decente 
honrado y trabajador. 
Me extraña y me da tormento 
pensar... 



ESCENA IX 



Los mismos, y SALDAN A y MARTIN por el fondo 



Saldaba 

MARÍA 


¿Está Tomás? 

No. 
Hace rato que salió; 
pero volverá al momento. 


LUCILA 


Si le quieren esperar 
sentarse pueden ahí. 
María, vamos aquí: 
tenemos los tres que hablar. 


JUAN 


Pues si, Tomás a mi ver... ( Mientras desaparece por 
la derecha y con él María y Lucila) 



ESCENA X 



i SALDANA y MARTIN 

MARTIN Saldaña, nos sentaremos. (Se sientan. 

SALDAÑA ¡Que tienen que hablar los tres, 
y con marcado desprecio 
nos dejan aquí a los dos..! 
jEstá el juego manifiesto! 
Hay aqui también burgueses, 
Martín, bien lo estamos viendo. 

Martín Son caprichos del amor. 



Y LUZ 



17 



SALDAÑA Pues yo acabaré con ellos. 
Hace tiempo que a Lucila 
mis cuitas y afanes cuento, 
rondo de noche su casa, 
de día estoy en acecho, 
para ver adonde va 
y ver si decirla puedo 
que sólo vivo por verla 
y que por ella me muero. 
Y a pesar de mis cuidados, 
y a pesar de mis desvelos, 
son mayores cada día 
sus desdenes y desprecios. 
No ha dos meses que ella y Juan 
se conocen, y es un hecho 
que se quieren y se casan. 
MARTIN ¿Y qué vas a hacer? no veo 

remedio para tus males. 
SALDAÑA Pues he pensado un remedio; 
y espero que tú me ayudes 
en la empresa, 
MARTIN Estoy dispuesto 

a cuanto quieras, Saldaña. 
SALDAÑA Es feliz, mi pensamiento. 
MARTIN ¿Cual es? 

SALDAÑA Decirle a Tomás 

con gran sigilo y misterio; 
que tenemos varios datos 
evidentes, claros, ciertos 
de que Juan es un espía, 
un policía secreto 
que Gon inaudita astucia, 
falsos amores fingiendo, 
la pista sigue a las bombas. 
MARTIN Saldaña, tienes ingenio. 

Si al ánimo de Tomás, 
no el firme convencimiento, 
la duda tan sólo llevas 
de que Juan pueda ser eso, 
ten por seguro tu triunfo; 
pues Tomás es hombre terco, 
y si una sospecha admite, 
no hay quien se la arranque luego. 



18 



TINIEBLAS 



SALDAÑA 



MARTIN 

SALDAÑA 
MARTIN 

SALDAÑA 



MARTIN 

SALDAÑA 

MARTIN 

SALDAÑA 

MARTIN 



SALDAÑA 
MARTIN 
SALDAÑA 
MARTIN 

SALDAÑA 



MARTIN 






¿Mas sabes tú Juan quien es? 
No en verdad. Ha poco tiempo 
que viene aquí, y aun Tomás 
no le conoce yo creo 
muy a fondo; pues ha días 
que de él se informaba. Pero 
¿a qué viene esa pregunta? 
A que a sospechar empiezo 
que ser pueda un policía. 
IQué dices! ¡Pudiera serlo! 

Y nada de extraño tiene. 

Y casi lo doy por cierto. 
Que es Tomás un anarquista 
de acción lo sabe el Gobierno; 
y es natural que los pasos 

le hayan de seguir sabiéndolo. 
Pues por si es o no es, 
no conviene perder tiempo: 
hay que advertirlo a Tomás 
y hay que decirlo en el Centro. 
Cómplices de Tomás somos, 
é igual peligro corremos; 
y cuando esto así no fuera ; 
piden venganza mis celos. 
Tienes razón. 

¿Tú me ayudas? 
Sí. 

Martín, te lo agradezco. (Pausa) 

(Coge Martin sobre la mesa un libro y como leyendo 

el título dice:) 
<La esclavitud de los más» 
¡Qué libro! ¡Admirable es esto! 
¿De quién es? 

¿No le has leido? 
No. 

No sabes lo que es bueno. 
Su autor es Roque Bermúdez, 
Entonces será soberbio: 
porque ¡vaya unos discursos 
que pronunciaba en el Centro. 
Ha escrito muy buenas obras. 
No lee Tomás hace tiempo 
mas libros que los de Roque: 
está enamorado de ellos. 



> 



Y LUZ 



19 



ALDANA 
ÍARTIN 






JALDAÑA 

dARTIN 

JALDAÑA 



MARTIN 

^ALDANA 

MARTIN 

fSALDAÑA 
MARTIN 

SALDAÑA 



MARTIN 

SALDAÑA 

MARTIN 



SALDAÑA 

MARTIN 
SALDAÑA 



Tiene además por Bermúdez 
delirio. Muy satisfecho 
exclamó Tomás un día: 
«dicen que nos parecemos», 
refiriéndose a Bermúdez. 
¿Y qué es de él? 

Al extranjero 
años ha que se marchó: 
y ha tiempo también los neos 
inventaron lo patraña 
de que pasó al campo de ellos; 
mas desmintió nuestra prensa 

la calumnia. (Saldaña estará miranda el periódico que 

dejó Tomás sobre la mesa.) 
¡Qué estoy viendo! 
¿Algo grave? 

Sí; un anuncio 
en el que ofrece el Gobierno 
diez mil duros a cualquiera 
que descubra quien ha puesto 
las bombas. 

i Y diez mil duros? 
¡Diez mil duros nada menos! 
¡Pues sin duda lo descubren, 
que puede mucho el dinero! 

Y si ha descubrirlo llegan... 
nos ahorcan. 

Nada de eso. 
A. tí y a mí nos tendrían 
tan sólo algún tiempo presos. 

Y para que el más miedoso 
delatar pueda sin miedo, 

al denunciante aseguran 
impenetrable secreto. (Pausa.) 
¡Diez mil duros! 

¡Diez mil duros! 
¡Saldaña, es mucho dinero! 
Con tal promesa serán 
espías hasta los nuestros. 
¡Sabes que es muy tentador 
el anuncio; 

¡Ya lo creo. 

Y ya me infunde temores. 



20 



TINIEBLAS 



MARTIN 
SALDAN A 
MARTIN 



SALDANA 



MARTIN 
LUCILA 



SALDANA 

MARTIN 
SALDANA 



JUAN 



Yo, Salchña, nada temo. 
Como asi. 

Porque tú y yo 

ninguna cosa hemos hecho 

de importancia; que el traerle 

bombas vacías, no creo 

que sea ningún delito. 

Tomás las carga, y si luego 

las hace explotar, de él es 

toda la culpa. Yo entiendo 

que si te doy un revólver 

y con él matas, no puedo 

ser de nada responsable. 

A más que es tal el secreto 

que al hacerlo hemos tenido 

que nadie podrá saberlo. 

Y Tomás no nos descubre 

aunque le corten el cuello, 

aunque en pedazos le piquen; 

que es testarudo en extremo, 

y a la bandera anarquista 

más leal y fiel que un perro. 

Pues siendo eso así, Martín, 

se me ocurre que pudiéramos 

tú y yo. 

¿Qué? 
(Asomándose por la puerta de ]a derecha y volviendo 
. retirars 

(Aun esos dos 
están ahí!) 

No debemos 
hablar aquí de estas cosas 
pues Lucila está en acecho. 
y tal vez Juan... 

Razón tienes: 
a hablar a otro lado iremos. 

Vamonos pues. (!Diez mil duros! 
!Oh quien pudiera cogerlos!) (Vánse por el fondo) 

ESCENA XI 

LUCILA Y JUAN que entrarán por la derecha. 

Mira, quererte es mi afán; 
que me quieras mi ilusión. 



se 



ir 



Y LUZ 



21 



¿Me quieres? 

Ya sabes, Juan, 
que es tuyo mi corazón. 
¡Oh! si a mal no lo tuvieras 
hablar quisiera contigo 
de nuestra boda. 

¿De veras? 
¿Cuándo ha de ser, di? 

Pues digo. 

que será cuando tú quieras. 
(¡Dios quiera que pronto sea!) 
Tiene mi padre en la aldea 
una modesta casita, 
pequeña, pero bonita. 
Ur¡a huerta la rodea 
llena de árboles y flores: 
allí al ruiseñor veremos 
cantar sus dulces amores, 
y con nuestro amor daremos 
envidia a los ruiseñores. 
Es de la huerta, vecina, 
una fuente cristalina, 
que en tenues hilos de plata 
sus claras aguas desata. 
Al ver tu cara divina 
del líquido transparente 
retratarse en la corriente, 
oyendo entre sus murmullos 
de nuestro amor los arrullos, 
nos envidiará la fuente. 
Bien solas o ya en bandadas, 
mil mariposas pintadas 
de bellísimos colores 
volarán entre las fiores 
de perfumes saturadas. 
Y colmando allí los cielos 
nuestra ventura y anhelos; 
entre lirios y entre rosas, 
nuestros lindos pequeñuelos 
irán tras las mariposas. 
Mira, cuando nos casemos, 
en vez de hacer largo viaje 
con molestias y equipaje, 



22 



TINIEBLAS 






LUCILA 
JUAN 

LUCILA 
JUAN 

LUCILA 



JUAN 

LUCILA 

JUAN 

LUCILA 

JUAN 

LUCILA 

JUAN 

LUCILA 



a esa aldea nos iremos. 
¿Y cuándo nos casaremos? 
Cuando quieras. 

¿Dónde? 

Allí. 
Ya anhelo estar junto a tí- 
dando envidia a ruiseñores, • ' 
mariposas, fuente y flores. 
¿Lo deseas mucho? 

Sí. 
Pues habíalo con Tomás 
y tú madre. 

Con los dos 
lo he de hablar. 

¿Te acordarás? 
¡Qué cosas tienes. ! 

Adiós. 
No me olvides. 

¡Yo..! ¡jamás! (Váse Juan por el fondo) 

ESCENA XII 

LUCILA 

Se fué. Pronto volverá. 

Mas ¡ay! que apenas se ausenta. 

mí corazón se impacienta, 

porque vuelva otra vez ya. 

Con él seré venturosa. 

¡Oh, si me olvida me muero! 

¡Virgen del Carmen, yo quiero 

ser pronto, pronto su esposa! 
Quiero vivir en su aldea, 
entre lirios y entre flores, 
mariposas, ruiseñores 
y fuente que serpentea. 
Quiero respirar los suaves 
aromas de lindas rosas, 
quiero escuchar melodiosas 
armonías de las aves: 
y entre el perfumado viento 
que trinos lleva y murmullos, 
oir los dulces arrullos 



Y LUZ 



23 



de su enamorado acento. 
Y entre las líquidas perlas 
que suelta al brotar la fuente, 
ver algún niño inocente 
afanarse por cogerlas. 
Un niño, hijo de los dos; 
un prodigio de hermosura... 
¡Oh cielos, cuánta ventura! 
¡Oh qué dicha, Santo Dios! 

ESCENA XIII 

LUCILA, MARÍA y TOMAS, este a su tiempo, 



MARÍA 


Lucila, ¿no vienes? Asomándose 


por la puerta de la 
derecha)- 


LUCILA 


Voy. 




MARÍA 


Ya sabes lo que hay que hacer 




LUCILA 


No se me olvida, mujer. (Vase ; 

¡Vaya! No hay duda que estoy 
un poquito trasvolada. 
En nada pienso no siendo 
en Juan. Estoy padeciendo 
achaques de enamorada. 


María por la puerta 
déla derecha). 




(A Tomás que entra por el fondo) ¿ 


De dónde vienes? 


TOMAS 


¿No ves que de afuera vengo? 


De afuera. 


LUCILA 


Gastas mal genio. 




TOMAS 


El que tengo. 


(Se oye una explo- 
sión lejana). 


LUCILA 


¡Jesús! 




TOMAS 


¿A qué esa manera 
de asustarse? 




LUCILA 


¿No has oido 
una explosión? 




TOMAS 


Sí 




LUCILA 


Tal vez 
fué una bomba. 




TOMAS 


¡Pues pardiez 
que metió bastante ruido! 




LUCILA 


¡Dios mío, a quién mataría? 




TOMAS 


¡Qué inocente! Esa explosión 





24 



LUCILA 



TINIEBLAS 



estampido es de un cañón. 
¿No han estado el otro dia 
disparando cañonazos? 
pues eso mismo hoy harán. 
Será acaso. (Váse por lá derecha) 



MUCHACHO 



TOMAS 



ESCENA XIV 

í 

TOMAS 

¡Horrible afán! 
¿A quién habrá hecho pedazos? 
¡Algún niño .. A algún obrero... 
en tanto que perdonó 
a los burgueses... ¡AL, no! 
pensar en esto no quiero. 

¡A trabajar! Cese ya (Se sienta y se pone a trabajar), 
esta incertidumbre fiera. 

(Llega un muchacho por la puerta del fondo con una 

carta) 
Me mandaron que le diera 
esta carta. 

Bien es.á. (Yase el muchacho Tomás finge leerla carta 
«Que por mí están esperando 
para hablar de asunto urgente.» 
Qué podrá ser? Bien, corriente. 
¿Es urgente? Pues andando. y ase p0 r la puerta 

del fondo; 

ESCENA XV 



MARÍA y luego LUCILA, que entrarán por la puerta de la derecha. 



MARÍA 



LUCIi.A 
MARÍA 



LUCILA 

MARÍA 

LUCILA 



^Llamando) ¡Tomás! Otra vez marchó! 
¡Si ha un momento que entró aquí! 
Segura estoy que le oí 
(Entrando) ¿Pero no está Tomás? 

No. 
¿Sabes, Lucila, que extraño 
tantos viajes de Tomás? 
Iría al Centro quizás. 
¡Sí pasa en él todo el año! 
Porque de la Rambla, donde 
Juan le vio, ya ha vuelto. 



YLÜZ 



23 



MARÍA 
LUCILA 



MARÍA 



LUCILA 



MARÍA 

LUCILA 
MARÍA 



LUCILA 
MARÍA 



Sí. 
¡Como no esté acaso aquí! (Refiriéndose al cuarto 

de la izquierda). 
(Llamando) ¡Tomás! ¡Tomás! No responde. 
Pues dentro de este cuartucho 
a veces las horas pasa: 
cree una que no está en casa 
y está aquí. 

Me llama mucho 
también la atención, Lucila; 
que muchas veces le encuentro 
aquí cerrado por dentro. 
Si; pero estáte tranquila: 
se encierra para leer 
esos libros de su idea; 
porque sientes que los lea, 
él se esconde. 

Puede ser. 
Pero se lleva la llave. 
Pues por la misma razón. 
Pero en ninguna ocasión 
Je_deja abierto, j Quién sabe 
lo que tendrá! Bien mirado 
los libros están ahí, 
donde siempre. 

Cierto, sí. 
¡Luego aquí hay gato encerrado! 



ESCENA XVI 

MARÍA, LUCILA, y JUAN que entrará por el fondo. 



MARÍA 


¿Cómo de vuelta ya? 


JUAN 


Vengo asustado* 


LUCILA 


¿Qué ha sucedido? 


JUAN 


Presencié una escena 




terrible y espantosa, como nunca 




mi pobre mente imaginar pudiera. 


LUCILA 


¿Qué fué? 


MARÍA 


¿Qué fué? 


JUAN 


Cruzaba yo la Rambla; 




siento de pronto una explosión tremenda; 




tiembla bajo mis pies el pavimento; 



25 



TINIEBLAS 



caen hechas pedazos las vidrieras; 
y entre gritos de cólera y espanto, 
quede terror siniestro el alma llenan, 
en desorden la gente se revuelve 
como hormiguero que pisó una bestia; 
y en su torno crespones asfixiantes 
de humo de dinamita serpentean. 
«¡Una bomba! luna bomba!» exclaman muchos. 
LUCILA La que se oyó de aquí. 

JUAN Sin duda esa. 

Me acerco al sitio: con pavor los ojos 
al querer ver lo que ya ven se cierran. 
Cuerpos humanos mutilados yacen 
encharcados en sangre que aun humea. 
Aquí una joven destrozada espira; 
allí un hombre sin brazos se revuelca; 
y dando más horror a los horrores 
y espanto al corazón que los presencia, 
surge bañada en sangre una figura; 
desolada una madre, loca, trémula, 
de un hijo suyo el cuerpo ensangrentado 
entre sus brazos convulsiva aprieta, 
y al estampar un beso en sus mejillas, 
sólo una masa ensangrentada besa. 
MARÍA ¡Jesús! 

JUAN Huí de allí. No resistía 

mi débil corazón la vista horrenda 
del cuadro aterrador. Aun en mi mente 
con fatídica y ruda persistencia, 
de aquella madre que abrazaba al hijo, 
tétrica se alza la visión sangrienta. 
MARÍA ¿Y quien puso la bomba? 

JUAN No se sabe. 

El mismo Satanás debió ponerla; 
que para ser un hombre es mucho crimen. 
LUCILA Terrible crimen es. 

MARÍA Alma perversa 

tiene el infame que entre horrores tantos 
sólo por hacer mal la muerte siembra. 
LUCILA ?Dónde estalló la bomba? 

JUAN Donde ha rato 

vi yo a Tomás; junto al Cuartel, tan cerca 
que hay señales allí de la metralla, 






MARÍA 
JUAN 



LUCILA 
JUAN 



LUCILA 
JUAN 
LUCILA 
JUAN 



Y LUZ 



27 



y un casco hirió de muerte al centinela. 
Mas ¿dónde está Tomás? 

Hace un momento 
salió de casa. 

¡Poco para en ella! 
Pero yo estoy ansente de la mía, 
y preciso marcharme, que me esperan . 
Pronto te marchas. 

Muy a pesar mió. 
Hace tiempo que en casa estar debiera. 
Iba hacia allá, y al explotar la bomba, 
por venir a contarlo, di la vuelta. 
Y aunque me hallo aquí bien, y mi deseo 
es estar aquí siempre... 

¡Oh si lo fuera! 
¿Lo dudas? 

Un poquito. 

No lo dudes. 
Verás que pronto estoy aquí de vuelta» ( v »se por 

el fondo). 



ESCENA XVII 



MARÍA y LUCILA 

maria ¡Quién el autor sería de ese crimen? 

Lucila ¡Quién sino un anarquista? 

maria De esa secta 

sin duda alguna es; porque no en vano 
vientos de destrucción siembran en ella. 
¡Oh! no puedes, Lucila, imaginarte 
. cuánto me hace sufrir, cuánto me apena 
ver a Tomás metido en esos centros 
que laboran maldad en las tinieblas. 

LUCILA Tomás no es de los malos. 

maria De los malos 

nunca ha sido Tomás; mas las ideas, 
de tal manera cambian a los hombres, 
que los sostienen buenos si son buenas, 
y los tornan perversos si son malas. 
Pero lo que me causa a mi extrañeza 
es que siendo Tomás noble y honrado, 
de una bondad sin tacha, a toda prueba, 



28 



TINIEBLAS 



LUCILA 



haya abrazado ideas de exterminio, 
de ruina y destrucción. ' 

Aunque las tenga, 
no las lleva a la práctica; lo impiden 
de Tomás la bondad y la nobleza. 

ESCENA XVIÍÍ 



MARÍA, LUCILA, y TOMAS que entrará por la puerta del fondo 

MARÍA ¿Sabes, Tomás, que ha explotado 

hoy otra bomba?. 
TOMAS Lo oí. 

LUCILA ¿Sabes los que han muerto? 

TOMAS Sí, 

lo sé; pues me lo han contado. 
LUCILA ¡Una joven destrozada, 

y de una madre en los brazos, 
con el rostro hecho pedazos, 
un niño... 

TOMAS (Interrumpiendo) ¡No digas nada! 

Lo sé. 
MARÍA (Con viveza) ¿Desgracia terrible! 

TOMAS Otras hay mucho mayores. 

LUCILA jQué cuadró! ¡Cuántos horrores! 

MARÍA ¡Hombre, más es imposible! 

¡Imagínate que estalla 

esa bomba al pasar yo 

con la niña en brazos..! 
TOMAS ¡¡No!! 

¡no imagines eso, calla! 
MARÍA ¡Quién será ese hombre cruel? 

LUCILA No es hombre, que es una fiera, 

MARÍA Si cerca de mi le viera • 

me arrojaría sobre él. 
LUCILA Es un malvado, un cobarde. 

María Es un monstruo del averno. 

LUCILA Un demonio del infierro. 

TOMAS (¡Para él le inventaron tarde!) 

MARÍA Su crimen es inaudito. 

LUCILA No,; no tiene corazón. 

TOMA£ ¡Le cegará la pasión..! 

MARÍA ¡Maldito sea, maldito! 

TOMAS ¡Quien diga maldito sea, (Con solemnidad j energía) 





Y LUZ 


29 




a equivocarse se expone. 






¡Es un loco el que las pone, 






es un loco por la idea! 






Mas dejemos a ese loco, 






y no le- maldigáis más. 




MARÍA 


(¡Tiene un corazón Tomás 
más bueno!) 




LUCILA 


Pues por muy poco 
te hiere la bomba a tí. 




TOMAS 


¡¡Qué dices? ¡A mí! ¡Por qué? 




LUCILA 


¡No lo sabes? 




TOMAS 


No lo sé. 




LUCILA 


¿No pasaste por allí 
hace unos minutos? 




TOMAS 


¡Yo? 




MARÍA 


Tomás, Juan nos lo ha contado 




TOMAS 


¡Qué sé yo dónde ha explotado! 




LUCILA 


En la Rambla. 




TOMAS 


(¡A que me vio!) 
Por allí pasé hace rato. 
Mas nada de extraño vi. 
Pero Juan ¿estuvo aquí? 




MARÍA 


Dos veces. 




TOMA8 


¡Dos? 




LUCILA 


Sí. 




TOMAS 


(¡Le mato!) 
¡Demuestra en verte interés! (Lucila). 
Nunca tantas veces vino. 




MARÍA 


Como es un chico muy fino 
y atento, natural es 
que acudiera a darnos parte 
del caso. 




TOMAS 


(Con cierto miste/ io.)Natural, SÍ. 




LUCILA 


También preguntó por tí, 
sin duda para enterarte 
de todo. 




TOMAS 


¿Y de mí qué habló? 




LUCILA 


Saber quería si estabas 
aquí en casa; y que acababas 
de marchar le dije yo. 




TOMAS 


¿Y nada más? 




LUCILA 


Nada más; 
pues muy poco se detuvo; 





30 



TINIEBLAS 



mas cuando antes aquí estuvo 
largo habló de tí. 
TOMAS Ya estás 

diciéndolo, 
LUCILA De que fueses 

anarquista se dolió. 
TOMAS Valiente caso hago yo 

de duelos de los burgueses. 
LUCILA Y le debió de extrañar 

verte en la Rambla. 
TOMAS ¿Por qué? 

LUCILA Yo de fijo no lo sé; 

pero me di a sospechar; 
pues preguntó si tenías 
parroquianos por allí. 
La pregunta, presumí, 
la hizo porque traías 
bajo de la blusa un bulto. 
TOMAS Unas botas (¡Me guipó!) 

Todo cuanto llevo yó, 
bajo la blusa va oculto. 
MARÍA No sé por qué. 

TOMAS ( Gon enfado y resolución). Basta ya. 

MARÍA ¡Mas por qué basta? ¿Qué pasa? 

TOMAS Sobra ya Juan en mi casa. 

LUCILA ¡Que sobra! 

María (¡Por qué seráO 

TOMAS ¡Es un espía! 

L. y M. ¡Un espía? 

TOMAS Tan solo a vigilar viene; 

esa es la misión que tiene: 
vigilarme noche y día. 
MARÍA ¡Pero, hombre! ¿te has vuelto loco? 

LUCILA ¿Sabes lo que estás diciendo? 

MARÍA Desatinos. No comprendo 

lo que dices. 
LUCILA Yo tampoco. 

TOMAS jLoco... sí, de indignación! 

¡Que no venga! Si le pillo... 
LUCILA ¡Cielos! 

TOMAS Le clavo el cuchillo 

en medio del corazón. 
LUCILA (¡Virgen Santa!) 

TOMAS Hoy lo he sabido. 



Y LUZ 



31 





Hay datos, estoy seguro 






que es un espia, y te juro (Dirigiéndose a 


Lucila) . 




que no será tu marido. 




LUCILA. 


¿Mas cómo..? 




TOMAS 


¡No lo ha de ser! 




MARÍA 


Cálmate por Dios, Tomás. 
¿Eres criminal quizás 
para que puedas temer 
que sea Juan un espía? 




TOMAS 


No. 




MARÍA 


Pues eres hombre honrado, 
te ha de tener sin cuidado 
que te acechen noche y día. 




TOMAS 


(Ya más de la cuenta hablé 
puedo hacerme sospechoso.) 




LUCILA 


Juan es noble y bondadoso. 
No es espía. 




TOMAS 


(¡Callaré!) 





ESCENA XIX 

TOMAS, MARÍA, LUCILA y el mismo muchacho que entregó la carta 
en la escena 14. 



MUCHACHO 


Que no se descuide USted (Entregando una carta) 


TOMAS 


(¿Otra vez me citan?) Voy. (Al muchacho. Vase el 




muchacho). 


LUCILA 


Muchos viajes haces hoy. 


TOMA.S 


Necesarios son. 


LUCILA 


¡Tal vez! 


MARÍA 


¿Pero adonde vas, Tomás? 


TOMAS 


¿Qué te interesa, mujer? 


MARÍA 


¿No lo puedo yo saber? 


TOMAS 


Son cosas mías no más. 


MARÍA 


¿Hay secretos para mí? 


TOMAS 


¡Secretos! ¡Qué tontería! 




Son cosas de hombres, María. 


MARÍA 


¿De hombres? 


TOMAS 


Ya he dicho que sí. (Vase por el fondo). 




ESCENA XX 




MARÍA y LUCILA 



MARÍA ¿Adonde le llamarán? 

LUCILA Tal vez a! Centro. 



32 



TINIEBLAS 



MARÍA 


Y a qué? 




¿Y por qué a la Rambla fué? 




¿Por qué sospecha de Juan? 




¡Estoy del todo intranquila! 




¡Y ese viaje con urgencia..! 


LUCILA 


Ura extraña coincidencia. 


MARÍA 


¡Van siendo muchas, Lucila! 




¡Oh que duda tan terrible 




a asaltarme se atrevió! 




¿Acaso Tomás...? ¡Ah! ¡no! 




es imposible, imposible! 


LUCILA 


¡Por Dios! ¡desecha de tí 




esa sospecha horrosa! 




(¡Oh Virgen Santa, me acosa 




también esa duda a mi!) 


MARÍA 


Mas si es Tomás inocente 




¿porqué así le desconcierta 




lo que dice Juan? es cierta 




mi sospecha o está demente. 


LUCILA 


Son esos libros malditos, 




que trastornan su razón. 


MARÍA 


¡Doctrinas de perdición, 




endemoniados escritos! 


LUCILA 


A quemarlos voy. 


MARÍA 


No, no. 


LUCILA 


Pues los quemaré, sí, sí. 


MARIÁ 


Me echará la culpa a mí. 


LUCILA 


Le diré que he sido yo. 


MARÍA 


Se pondrá más exaltado. 


LUCILA 


Qué se excite, que se apure. 




¿Cómo quieres que se cure 




teniendo el veneno al lado? (Va cogiendo los libros 




de la estantería y poniéndolos sobre la mesa.) 


MARÍA 


Déjalos, que es tarde ya. 


LUCILA 


¡No, que vayan a la hoguera! 


MARÍA 


Déjalos, que hay donde quiera 




otros, y los comprará. 



ESCENA XXI 
MARÍA, LUCILA, un Jefe de policía y cuatro policías por el fondo. 

LUCILA (jOh Cielos!) (Al verla policía entrar) 

MARÍA (¡La policía!) 



Y LUZ 



33 



JEFE DE POL. 

lucí: A 

JEFE DE POL. 

MARÍA 

JEFE DE POL. 

MARÍA 

JEFE DE POL? 
M. y L. 
MARÍA 



JEFE DE POL. 
MARÍA 
LUCILA 
JEFE DE POL. 



LUCILA 

POLICÍA i, # 
MARÍA 



¿Tomás López? 

No está aquí. 
¿Ha salido acaso? 

Sí 
¿Y adonde fué? 

Pues iría... 
iría ... yo no lo sé. 
Ustedes lo saben. 

No. 
De aquí hace poco salió; 
pero no sé adonde fué. 
Mas ¿qué sucede? qué pasa 
para que así, de ese modo..? 
Ustedes lo saben todo. 
¡No! 

¡No' 
¡Registrad la casa! (Dirigiéndose a los policías). 
Adentro vosotros dos, (Dirigiéndose a los policías 
1.° y 2. que pasarán al interior de la casa, puerta de 
la derecha). 

(¡Ahí ¡mi madre!) (Vase precipitadamente por la 
puera de la derecha) . 

(Mientras se va por la derecha) (¡Si le encuentro!) 
¡Por Dios, que está mi hija dentro! 
¡No me la asusten por Dios. Vase precipitadamen- 
te tras los policías primero y segando.) 



ESCENA XXII 



Jeíé y policías 3.° y 4 * y luego MARÍA 



POLICÍA 
JEFE DE FOL. 



JEFE DE POL. Esta puerta franquead. (Refiriéndose a la del 
cuarto de la izquierda.) 

¿Y la llave? 

La mujer 

que venga. (Ya se el policía por la puerta de la de 
recha y vuelve al momento con él María.) 

(Pudiera haber 
en ella complicidad.) 

¿La llave de aquí? (A María en el momento de 
ella entrar). 

La tiene 
mi marido 

¡Su marido? (Con desconfianza). 



MARÍA 

JEFE DE POL. 



34 



TINIEBLAS 



MARÍA 

JEEE DE POL 



MARÍA 

JEFE DE POL 



POLICÍA 
JEFE DE POL. 

MARÍA 

JEFE DE POL 

MARÍA 

JEFE DE POL. 

MARÍA 

JEFE DE POL. 

POLICÍA 3 ° 

MARÍA 

JEFE DE POL. 
POLICÍA 3.° 
JEFE DE POL. 



MARÍA 



Jefe ; 
JEFE DE POL. 



LUCILA 
MARÍA 



Sí señor. 

/Ya, ya, entendido! 
A usted y a él les conviene 
ocultarla. 

No es verdad. 
Ea, derribad la puerta. (Los policías tratan de 
abrir violentamente la puerta de la izquierda). 

¿Cede? 

Cede: ya está abierta. (Vanse ios dos po- 

a irpuLrjl^ ^° d « ta ****** 7 ¿¿í. 
Con gran cuidado mirad. (A los policías 3 % *•) 

¿ 2rM* Y *?***?*. {k Marí yseñalmdo al inte- 
rior del cuarto de la izquierda.) 

Nada sé. 
Usted calla... 

Nada callo. 
¡Mire usted, que si las hallo..! 
/Qué buscan, decidlo, qué? 
(¡Oh cielos, qué buscarán/) 

No moverlas ni inclinarlas (A los que están en 

el cuarto de la izquierda.) 

si es que llegáis a encontrarlas. 

(Desde el interior del cuarto.) 

Aquí dos bombas están. 

(/Dios Santo/) 

¿Dos bombas? 

(Desde dentro del cuarto) Sí. 

( q ^P°^ cí . a s q^e^están e« el cuarto de laizquierda ) 
ibalid/ ¡Dejadlas/ 

¡Dios mío/ 
ESCENA XXIII 
MARÍA, LUCILA y después los policías- 

(A Lucila y María en el momento de entrar Lucila 
por la derecha y señalando al cuarto donde están 
Ja 5 Domnas y con marcada intención ) 

¡Vedlas! 

¡Qué hay/ 

¡¡Oh, desvarío// 
¡¡Bombas!! ¡¡Lucila!! ¡¡Ay de mí!! (Sin atreverse 
a mirar al cuarto y abrazándose a Lucila *1 pronun- 
ciar las ultimas palabras. Salen del cuarto déla iz- 
quierda los policías 3 y 4 y entran en escena, y casi 
ai mismo tiempo entran por la derecha los policías 



Y LUZ 



35 



POLICÍA 2 
JEFE DE POL. 
LUCHA 
JEFE DE POL. 



MARÍA 

LUCILA 

JEFE DE POL 

MARÍA 

JEFE DE POL 

LUCILA 

MARÍA 

JEFE DE POL 

LUCILA 

MARÍA 

JEFE DE POL 

MARÍA 



No le hallamos (Entrando por la derecha.) 

(¡Se escapó!) 
(¡Qué horror!) 

(A los policías 3 y 4) Estad muy alerta. 
No abandonéis esta puerta. (Señalando a la de 

la izquierda). 

Volveré al momento yo. 

Venid conmigo. (A Mari* y Lucila.) 

¡¡Qué!! 

¡¡Qué? 
Detenidas. 

¡Dios bendito! 
Sois cómplices del delito. 
No es cierto. 

Se engaña usté. 
Ea, llevadlas los dos. (a los policías I y 2.) 
¡¡Por la Virgen!! 

¡¡Por piedad!! 
¡Vamos! ¡Andando! ¡Acabad! (Los policías 1 y 2 
cogen del brazo a Lucila y María y las conducen por 
la puerta del fondo). 

(¡Tomás, que te salve Dios!) (Mientras va haria 
la puerta del fondo. Al pasar por dicha puerta caerá 
el telón). 



FIN DEL ACTO i.° 



ACTO SEGUNDO 



La escena representa un calabazo del Castillo Montjuich. En el fond 
la puerta que comunica con el resto del edificio; a la derecha una en 
irada, sin puerta lóbrega, estrecha de poca altura, la precisa para 2 

?™ tf^' ^ i 1 "?^ de , pie; e * ta entrada se su Pone que comunic 
con una pieza del calabozo donde Tomás tiene su mcaastro. La puert 
trlVÍ^ P erma ™*ra siempre cerrada a no ser en el momente de en 
trar y sahr por ella los personajes. Es de noche al comenzar el actc 
Al final empieza a amanecer. 

ESCENA I 

TOMAS que vestirá blusa larga como en el primer acto. 

Al levantarse el telón aparece sola la escena Se oyen las voces de tre^ 
centinelas, que desde distinta sitios, fuera, alejadas de la escena, dirá 

medio cantando, 

GENTNLA i.° Centinela alerta. 
GENTNLA2.' Alerta 

gentnla 3.° Alerta está. 

TOMAS (Apareciendo por la 

entrada de la derecha). ¡¡¡Alerta está!!! 
¡Oh! cese ese grito ya, 
que así cruel me despierta. 
Cuando en brazos de apacible 
sueño comienzo a entregarme, 
despiadado a despertarme 
viene ese grito terrible. 
Parece su eco maldito 
voz que sube del averno. 
¡Ah, si es que existe el infierno 
allí existirá ese grito! 
Ya, sociedad homicida, 
ya sé yo que alerta estás, 
ya sé que acechando vas 



Y LUZ 37 



hora tras hora mi vida. 

Ya sé que impera tirana 

tu ley inicua, ya sé 

que muy presto moriré, 

porque esa ley inhumana 

que dictó el burgués lo ordena. 

¿Esa es la ley del más fuerte? 

Bien; pues venga ya esa muerte, 

cúmplase en mí esa condena. 

¿Pero es la fuerza quien manda? 

Otra fuerza llegará 

que a escombros reducirá 

esa sociedad nefanda. 

¡Oh! quisiera entre mis brazos 

ese coloso tener, 

y juro había de hacer 

su infame pecho pedazos. 

Monstruo de cien mil cabezas, 

revuélcate aun más si quieres 

entre el fango de placeres 

y entre el fango de riquezas. 

Goza y triunfa, que a la lucha 

brindará pronto el clarín. 

¿Pero cómo del motín 

el clamor aun no se escucha? 

¿Qué esperan nuestras legiones 

que callan y no pelean? 

¿Por qué en el campo no ondean 

ya nuestros negros pendones? 

jOh venganza cuánto tardas! 

¿Por qué los aires no hienden 

tus clamores y se encienden 

tus hogueras? ¡Di, qué aguardas? 

Ardan como secas mieses, 

en montones hacinados, 

sacerdotes, potentados, 

militares y burgueses. 

Ardan, ardan a millares, 

llenando de humo ios vientos, 

casas, cuarteles, conventos, 

palacios, templos y altares; 

y a la tremenda explosión 

caigan tiaras, cetros, leyes, 



58 



TINIEBLAS 



obispos, papas y reyes 

en terrible confusión. 

Caigan presto, presto, sí; 

antes, antes que yo muera; 

aunque la tremenda hoguera 

me envuelva también a mí. 

¡Venganza, qué es lo que aguardas? 

Tus clamores ¿no se extienden? 

Tus hogueras ¿no se encienden? 

¿¡Oh venganza, cuánto tardas! (Se deja caer en una 

banqueta como abrumado por la emoción). 

ESCENA II 

TOMAS y el Cabo de guardia. 



TOMAS 


¿Qué ocurre? 


CABO 


Que están ahí 




ya sus dos amigos. 


TOMAS 


¿Cuales? 


CABO 


Los de otras veces. 


TOMAS 


(Leales 




son en verdad para mí.)T 




Mándeles usté pasar. 


CABO 


(¡No sé ... mucho han madrugado! 




Pero a mí orden me han dado 




de dejarles siempre entrar.) (Vase) 



ESCENA III 

TOMAS, SALDAÑA y MARTIN 



MARTIN 
TOMAS . 
SALDANA 
TOMAS 



¡Tomás! 

¡Saldaña! ¡Martin! 
¿Cómo te encuentras? 

Ya veis 
como estoy; pues me tenéis 
de la vida en el confín. 
Sólo ya vivir me resta 
unos momentos no más t 
¡Y se morirá Tomás 
sin que enérgica protesta 
hoy levante la anarquía? 



Y LUZ 



39 



SALDAN a Aun la sazón no ha llegado. 
tomas Cuando caiga ensangrentado 

mi cuerpo, di, ¿todavía 

no ¿era tiempo oportuno? 

Pues ¿cuándo esto se derrumba? 

¿después que den en la tumba 

con todos uno por uno? 

¿Son esos los corazones 

de los anarquistas bravos? 

¿Han de vivir siempre esclavos 

de burguesas opresiones? 

Tomás, cálmate, que ya 

pronto vendrá la venganza. 

Voy perdiendo la esperanza 

de que venga. 

Pues vendrá. 

Muy tarde ya para mí; 

pero moriré contento 

sí tengo el convencimiento 

de que sucederá así. 

Tomás, lo puedes tener. 

Sí, ya está cercano el día 

del triunfo de la anarquía. 

Cumple bien con tu deber. (Receloso y en Vv.z b ija 

en este párrafo y en 1 s que se vayan indicando). 

Eres mártir de la idea, 

por ella vas a espirar; 

y es preciso demostrar 

valentía en la pelea 

¡Ánimo, mucho valor! 
TOMAS Jamás el valor me falta: 

sereno estoy, no me asalta 

el más mínimo temor. 
SALDAN \ Debes del mundo al a vista ('Receloso y en voz baja). 

presentarte como un hombre, 
para que el mundo se asombre 
del valor del anarquista. 
Y aunque para que confieses 
venga alguno a importunarte, 
jamás deb :s confesarte. 
TOMAS Sin que tú me lo dijeses 

ya pensaba no lo hacer; 
pues lo tenemos jurado, 



MARTIN 

TOMAS 

SALDAN A 
TOMAS 



MARTIN 
SALDAÑA 



40 



TINIEBLAS 





y el juramento es sagrado 






e ineludible deber. 




SALDABA 


Es un deber, y un valiente (Receo s > y en 
quien le cumple, y de este modo 
das ejemplo al mundo todo 
de no ser un inocente, 
un crédulo... 


toz baja) 


TOMAS 


(Interrumpiéndola Basta, amigo. 
¿A qué insistir más en eso? 
Digo que no me confieso, 






y yo cumplo lo que digo. 




SALDAN A 


Está bien. (Si se arrepiente 
nos denuncia). 




TOMAS 


De mi esposa 
¿qué sabéis? 




MARTIN 


No hace otra cosa 






que llorar continuamente. 




SALDAÑA 


Verdad es. 




TOMAS 


¡Pobre María! 




MARTIN 


Y tu hermana... 




TOMAS 


(Interrumpiéndole) No me habléis 
de mi hermana; ya sabéis 
que esa no es hermana mía; 
pues no puedo serlo, no, 
mientras tenga por galán 
a ese burgués, a ese Juan 
que fué quien me denunció. 
¿Todavía la acompaña? 




SALDAÑA 


Y más que antes todavía. 




TOMAS 


Un favor te pediría, 

un favor grande, Saídaña, 






si le quisieras hacer. 




SALDAÑA 


Pues ya pudiéndolo estás: 
no otra cosa anhelo más 
que poderte complacer. 




TOMAS 


¿Eres anarquista? 




SALDAÑA 


Sí. 




TOMAS 


Yo por la anarquía muero. 




SALDAÑA 


Cierto. 




TOMAS 


Pues, Saldaña, quiero 
que tú me vengues a mí. 
¿juras que lo harás? 




SALDAÑA 


Lo juro: 





Y LUZ 



41 





y pronto serás vengado. 


TOMAS 


¡Un abrazo, y apretado! (Abrázale Tomás). 




¡Buen amigo! 


SALDANA 


Te aseguro 




que las bombas seguirán. 


TOMAS 


No es eso. 


SALDAN A 


No entiendo yo... 


TOMAS 


¿No fué Juan quien deuunció? 


SALDABA 


Sí. 


TOMAS 


Pues dale muerte a Juan. 


SALDANA 


Juro que se la daré. 


TOMAS 


Gracias. Muero satisfecho 




si sé que hundes en su pecho 




el puñal. 


SALDABA 


Se lo hundiré. 




ESCENA IV 




Los mismos y el Cabo. 


CABO 


Hay aquí un representante 




o corresponsal. 


TOMAS 


¿De qué? 


CABO 


No recuerdo... no lo sé... 


TOMAS 


Bien; pues que pase adelante 




¿Qué hora es? 


CABO 


Las cinco y cuarto. 


TOMAS 


¿Dieron ya? 


CABO 


Pronto darán. (Vase). 


TOMAS 


(¡A las seis me matarán! 




Ya de la vida estoy harto.) 


SALDAÑA 


Nos vamos, porque quizás, 




el corresponsal... 


TOMAS 


Sí, SÍ. ^Gon cierto aire de desen- 




gaño y tristeza.) 




fiQué pronto cansan aquí!) 


MARTIN 


Pues adiós. 


SALDANA 


Adiós, Tomás. 


TOMAS 


Que os acompañe la suerte. 




El sino la mía trunca. 


MARTIN 


Adiós. Hasta... 


TOMAS 


Hasta nunca. 




No hay nada tras de la muerte. 



42 



TINIEBLAS 



ESCENA V 

TOMAS y el Corresponsal 

CORPSAJL Yo soy el corresponsal 
artístico, fotográfico, 
del famoso Siglo Gráfico, 
gran revista semanal. 
Y a sacar venía aquí 
de usted la fotografía. 



TOMAS 
GORPSAL 


¿Aigo más de mí quería? 
No. 




TOMAS 
GORPSAL 


^Pues irse puede. 

¿Así 
me deja usted desairado? 




TOMAS 


Pero si aun no amaneció 
y no se ve. 




CORPSAL 


Vengo yo 
para esto bien preparado 
Traigo luz artificial, 
muy brillante, .portentosa, 
y tan clara, tan hermosa 
como la luz natural, 




TOMAS 
GORPSAL 


Bien; pues guárdesela al punto: 
fotografiarme no quiero. 
Considere... 




TOMAS 


Considero... 
terminado ya este asunto. 




GORPSAL 


¿Fuma USted? (Ofreciéndole un puro.) 




TOMAS 


Nunca he fumado. 




GORPSAL 


Pues mire usted, le aseguro 




TOMAS 


que es un excelente puro. 
Pues no fumo; es escusado 




GORPSAL 
TOMAS 


ponderármele. 

(Me aplasta 
si insisto). Soy periodista. . . 
Y yo soy un anarquista, 
y con decir esto basta. 




GORPSAL 


(A ver si a un descuido) (Seponeaprepa^r 

rato fot gráfico. ) 


el apa 


TOMAS 


No; 
no prepare el aparato. 





Y LUZ 



43 



gorpsal Pero... 

tomas Se lo desbarato 

pronto entre mis manos yo. 
GORPSAL (Este hombre es de dinamita, 

y si le apuran estalla). (Vase) 
TOMAS jUn burgués! ¡Otro canalla! 

¡Ay si un poco más me excita..! 

Nada, nada les detiene 

tratándose de explotar. 

¡Mas oigo a María hablar! 

Sí. ¡I a pobre a verme viene! 



ESCENA VI 



TOMAS, MARÍA y la hija suya. 



MARÍA 
TOMAS 
MARÍA 

NINA 
TOMAS 
MARÍA 
TOMAS 
MARÍA / 



TOMAS 
MARÍA 



TOMAS 
MARI a 



¡Tomás del alma! 

¡María! 
¡Tomás de mí corazón! 
(¡Qué terrible situación!) 
¡Padre! 

Un abrazo, hija mh. 
(El corazón se me parte) 
¿Cómo has tenido valor..? 
¡Todo lo puede el amor, 
y mira cuánto sé amarte! 
Sé que dentro de un momento. 
Sí, dejaré de existir. 
(¡Ay de mí! ¡Voy a morir 
yo también de sentimiento!) 
Pues bien, ya que a morir vas, 
quiero pedirte un favor, 
una prueba de tu amor; 
la más hermosa, Tomás, 
que me puedes ofrecer; 
quiero saber si me quieres, 
quiero comprobar si mueres 
adorando a esta mujer. 
¿Qué es lo que quieres, María? 
(¡Ayudadme, Virgen Santa! 
Se me anuda la garganta) 
Decirte, Tomás, quería... 



44 



TINIEBLAS 



TOMAS 


¿Qué quieres? ¡acaba, di! 
Sólo anhelo complacerte. 
Mira, si temo a la muerte 
es porque quedo sin tí. 
Ya sabes que a morir voy. . 
ya no resta tiempo apenas; 
pide sangre de mis venas, 
y derramándola estoy. 
Di, di que quieres. 




MARÍA 


No acierto. 




TOMAS 


Habla, no me hagas sufrir. 




MARÍA 


Pues te quería decir... 




TOMAS 


Atrévete; ten por cierto 

que lo hago, sí, y mucho más: 

habla, pide, manda, di 

qué es lo que quieres de mí. 




MARÍA 


Que te -confieses, Tomás. (Tomás permanece 

sativo. Pausa.) 
¿Qué dices? 


pen- 


TOMAS 


No puede ser. 




MARÍA 


(¡Oh Virgen Santa, qué escucho!) 
No me quieres 




TOMAS 


Mncho, mucho. 




MARÍA 


No llames a eso querer. 




TOMAS 


Con delirio. 




MARÍA 


No. 




TOMAS 


Sí, sí. 




MARÍA 


¿Qué prueba das de quererme 
si no quieres complacerme? 




TOMAS 


Pues te quiero. 




MARÍA 


Entonces di: 
¿por qué no lo haces, Tomás? 
¿Cómo estás tan obcecado? 
Responde. 




TOMAS 


Porque he jurado 
no confesarme jamás. 




MARÍA 


¡Oh Dios mío, qué terrible 
juramento! ¿Cómo? ¿dónde 
juraste? ¿ante quién? ¡responde! 
¡Habla! ¡Dímelo! 




TOMAS 


Imposible. 




MARÍA 


¡Y qué que lo hayas jurado! 





Nunca puede obligar, no, 



Y I UZ 



45 



TOMAS 
MARI\ 
TOMAS 
MARÍA 



TOMÁS 
MARIA 
TOMAS 



MARÍA 



NIÑA 
TOMAS 



MARÍA 
TOMAS 

MARÍA 



lo malo que se juró; 
porque es malo. 

Ya, enterado. 
Quebrántale. 

No, jamás. 
¡Ah! tu ceguedad me aflige. 
¡Quién su cumplimiento exige? 
¡Oh! sí, ya sé: Satanás. 
¡Y le quieres más que a mí! 
¡Con él vas al fuego eterno! 
Yo no creo en el infierno. 
Pues existe ; Tomás, sí. 
;Qué ha de existir! ¡Tontería! 

Mas hoy mismo lo sabré. (Con solemnidad y energía) 
y si existe volveré 
a decírtelo, María. 
(¡Oh qué sarcasmo! ¡Qué horror!) 
Tomás no lo hagas por mí: fSe pone de rodillas an- 
te Tomás con 1.a niña delante). 

mira que tienes aquí 
esta hija de tu amor. 
¡Qué hermosa está! ya layes: 
inocente, pura, bella... 
Mírame, Tomás, con ella 
arrodillada a tus pies. 
Lleva sangre de tus venas 
en su dulce corazón... 
¡Padre! 

¡Ah¡ por compasión - 
no así acrecientéis mis penas. 
Ven, hija mía, a mis brazos, 
ven por última vez ya; 
pues muy pronto romperá 
la muerte tan dulces lazos. (La besa varias veces) 
Otro beso . 

(A vencer voy. 
¿Confesará? ¡Qué alegría! 
Los últimos, hija mia; 
los últimos que te doy. 
Hija, esposa; solamente 
vosotras por mí lloráis; 
sólo vosotras me amáis; 
(¡Virgen Santa, se arrepiente!) 



46 



TINIEBLAS 



TOMAS 



MARÍA 



TOMAS 
MARÍA 



TOMAS 
MARÍA 



TOMAS 



Tan sólo el morir me aterra, 

porque no os veré jamás. 

¿Qué me importa lo demás 

si odio cuanto hay en la tierra? 

Jamás, no; porque las dos 

a verte muy pronto iremos: 

cuándo será no sabemos: 

mas no tarda en llamar Dios. 

En la gloria los tres, sí, 

presto nos vamos a hallar, 

y allí nos hemos de amar 

mucho, mucho más que aquí. 

Allí no existe el dolor, 

allí no existe amargura, 

allí todo es paz, ventura, 

alegría, dicha, amor. 

¿Verdad que quieres salvarte? 

¿Verdad que ir al cielo quieres? 

¿Verdad que ahora no mueres, 

no mueres sin confesarte? (Pausa) 

¿Qué me contestas, Tomás? 

¿Qué dices. .? (Pausa) (¡Sigue callado!) 

¿Qué respondes? 

Que he jurado 

no confesarme jamás. 

¡Lo juraste? ¡cómo? ¡dónde? 

¡ante quién? ¿de qué manera? 

¿quién obligarte pudiera 

á cumplirlo? ¡di! ¡responde! 

Dímelo. 

No puede ser. 

Oh terrible juramento! 

Quién pide su cumplimiento? 

Ah! sí, ya sé: Lucifer! 

Y a nosotras le prefieres..! 

Hija, vamonos las dos. (Coge a la niña con ademán 

de llevársela) 

Tomás ; para siempre adiós..,! 

¡Ya vemos que no nos quieres! (Hace como que. 
trata de salir y se queda arrimada a la pared con 
la cabeza apoyada en las manos como abrumada 
por el sufrimiento. Pausa) 

(Esta mujer me atraganta. 
No puedo resistir más. 



Y LUZ 



47 



MARÍA 



TOMAS 
MARÍA 



¡Cederé...? ¡No, no, jamás!) 
(¡Ayudadme, Virgen Santa! 
¡¡Tuya es la idea!! ¡¡Lo vence!!) 
Aunque su pecho taladre 
el dolor, vendrá tu madre 
a ver si ella te convence. 
Está inútil. 

Pues vendrá 

en Un COChe. (Vase con la niña.) 



ESCENA VII 



TOMAS 



¡Qué mujer! 
¡A mi madre va traen 
¡Es el colmo! ¡Loca está! 
¿Loca digo? Tal vez no: 
tal vez no sea locura. 
Fuera mayor mi ventura 
si esa fe tuviera yo 
Esperan. . . y es un consuelo 
el esperar. ¿Pues por qué 
arrancarles esa fe, 
esa esperanza en el cielo? 
Dejarlas que crean, sí, 
que sueñen con su ventura; 
pues para ruina y negrura 
basta lo que existe en mí. (Se oye un grito) 
¡Un grito! ¡De mi mujer! 
¡No hay duda! ¡Qué ocurriría! 
Ella fué, SÍ, Sí. ¡María! (Llamándola; 
Nedie quiere responder. 
¡Tiemblo¡ ¿Pasará algo grave? 
Suena cierto elamoreo. . . 
¡Llega gente. .! Nada veo. . . 
por el ojo de la llave. 
¿Pero qué sucederá? 
Parece que oigo un gemido! 
¡Otra vez extraño ruido . . ! 
Es de un coche que se va. 
Se acercan . . . abren aquí. 



48 



TINIEBLAS 



ESCENA VIII 



TOMAS y el CABO 



TOMAS 

CABO 

TOMAS 

CABO 

TOMAS 

CABO 

TOMAS 

CABO 

TOMAS 



CABO 



TOMAS 
CABO 



¿Qué ha ocurrido, qué ha pasado? 
Su mujer se ha desmayado 
Tráiganla. 

Ya no está ahí. 
¿Se fué? 

Un coche la llevó. 
¿Y adonde? 

Pues a su casa. 
¡Cuánto ella por usted pasa! 
jY cuánto por ella yo! 
¿Pero cómo el caso fué, 
en qué forma, de qué modo? 
Yo quiero saberlo todo. 
Pues yo se lo contaré. 
La vi salir afligida, 
la vi salir desolada, 
la cara desancajada, 
pálida, descolorida. 
A la pared se arrimó 
cual sino pudiese andar, 
y tanto la vi llorar 
que por poco lloro yo. 
Quiso entrar de nuevo aquí, 
y empezó a palidecer. . . 
«No le puedo convencer! 
¡Oh cuánto sufro! ¡Ay de mí» 
dijo, y al suelo cayó. 
¿Y ha recobrado el sentido? 
De aquí sin él ha salido. 
No sé si le recobró. (Vaseel Cabo.) 



ESCENA IX 



TOMAS 



!Y todo por culpa mia! 
¡Oh, cuánto la hice sufrir! 
¡Si aquí volviese a venir. .! 
Ya no volverá María. r Paus»; 



Y LUZ - 49 

Mis consuelos acabaron. 

Los que me quieren marcharon... 

para no verlos jamás. 

Con tus angustias, Tomás, 

triste y solo te dejaron. (Suenan dos c uipanudas 
en un reloj público y vuelven a cantar los cenimetes 
en distintos sitios fuera de escena.) 

GENTNLA. i Centinela alerta. 
GENTNLA II Alerta. 

tomas ¡Dio la media! 

GENTNLA, III Alerta está. 

tomas Me están diciendo que ya 

la muerte llama a mi puerta, 

los centinelas, de un lado, 

con su fatídico grito, 

y de otro el reloj maldito, 

con su son acompasado. 

Más me tiene sin cuidado 

que griten con frenesí 

los centinelas aquí, 

o diga desde la torre 

el reloj, que llega ahí 

le muerte y que a verme corre. 

¡Que venga! no me amedrenta; 

de su torva faz me río. 

¡Que venga: la desafío! 

que venga fiera y cruenta, 

con su cara macilenta, 

con sus garras descarnadas, 

afiladas, negras, frías; 

con sus órbitas vacías, 

y lanzando carcajadas 

por entre hediondas encías. 

Que venga con sus dolores, 

que venga con sus horrores, 

con su pavoroso gesto, 

con sus gritos y estertores; 

¡que venga!, ¡que venga presto! 

Sin aliento, sin sentido; 

entre sus garras asido, 

pegado a su faz odiosa 

bajaré a la hedionda fosa 

muerto; pero no vencido. 



50 



TINIEBLAS 



ESCENA X 



TOMAS y el Cabo. 



CABO 

TOMAS 

CABO 



TOMAS 



CABO 
TOMAS 



Un fraile pretende entrar. 
¿Qué me querrá? 

No lo sé. 
Ni yo se lo pregunté 
tampoco. ¿Puede pasar? 
Ya le he dicho a usté que entrara 
todo el que a verme viniera. 
Que entre el fraile cuando quiera, 
yo a nadie niego la cara. 
(¡Cómo manda! ¡Con qué imperio!) (Tase). 
¡Qué podrá ese hombre querer? 
Siendo fraile, a mi entender 
vendrá con algún misterio. 



ESCENA XI 



TOMAS y el Fraile 



FRAILE 
TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 



Dios le guarde. 

(Yo no atiendo 
a un saludo clerical.) 
¿Cómo está usted? 

(Con desabrimiento.) Pues... muy mal, 

¡Ya puede ver! 

Lo comprendo. 
(¡Pero esa voz ya la oí, 
y esa cara y ese gesto.!) 
Si en ello no soy molesto 
le diré a que vengo aquí. 
¿Y a qué viene usté? 

A salvarle. 
¿De la muerte? 

De la muerte. 
¿De qué modo, de qué suerft 
puede eso ser? 

El librarle 
de esa pena tan terrible 
es cosa fácil, sencilla. 



Y LUZ 



TOMAS 


Vea que estoy en capilla. 
No es posible. 




FRAILE 


Sí es posible. 




TOMAS 


Mire que sólo un instante 
de vida me resta ya. 




FRAILE 


Pues ese instante será 
para vivir lo bastante. 




TOMAS 


¿Cómo es posible vivir? 
¿cómo? dígalo enseguida. 




FRAILE 


Hay tras la muerte otra vida, 
y hay muerte eterna: a elegir, 
Y sí la vida apetece 
es preciso confesarse. 




TOMAS 


Padre, puede usté marcharse 
si sólo esa vida ofrece. 




FRAILE 


Pero. . 




TOMAS 


No hay pero que valga. 
Que marche pronto deseo. 




FRAILE 


¡Por Dios..! 




TOMAS 


¡Si yo en Dios no creo! 




FRAILE 


¡Por la Virgen! 




TOMAS 


Salga, salga. 




FRAILE 


(Mi nombre revelaré.) 

{Amigo! (Poniendo 1 ^ la mano sob^e el hombro), 




TOMAS 


(Dando un paso etrás ) !De un fraile yo 
amigo? 




FRAILE 


Sí. 




TOMAS 


¡Rayos! ¡Noi 




FRAILE 


Tomás, lo fuiste. 




TOMAS 


No a fe. 
¿Mas quién es usté? 




FRAILS 


El culpable 






de que hoy estés en capilla. (Tomás le mira 


dele 




nidamente.) 




TOMAS 


(¡Esto es sueño o pesadilla..!) 
!Es usté..? 




FRAILE 


í ín ser despreciable. 
He sido un gran impostor. 




TOMAS 


(Juro que le he conocido..- 
Esta figura...) 




FRAILE 


Yo he sido 
Roque Bermúdez Camblor. 




TOMAS 


¡Pero es posible! ¡Usté aquí¡ 





52 



TINIEBLAS 



FRAILE 
TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 



TOMAS 

FRAILZ 
TOMAS 
FRAILE 

TOMAS 
FRAILE 



¡y de fraile disfrazado! 
Tomás, siempre te he apreciado. 
¡Oh cuánto honor para mí! 
¡Usté el sabio..? 

(Interrumpiendo) El ignorante. 

¡Usté el ilustre escritor..! 
El menguado embaucador: 
un falsario, un comerciante 
en ideas, un bandido 
que vivió engañado, sí; 
mas ya no soy lo que fui, 
y detesto lo que he sido. 
¿Entonces un disfraz no es 
ese hábito? 

Fraile soy. 
¿Y cómo ese cambio? 

Voy 
a referirlo, 

Hable pues. 
A la justicia temiendo 
por mis malvados escritos, 
causa de muchos delitos, 
en Francia me interné huyendo. 
Pero mi buena fortuna 
a una villa me llevó, 
cual nunca soñara yo 
que hubiese villa ninguna. 
Porque en ella puso el cielo 
de su resplandor un foco, 
para que se viera un poco 
de la gloria desde el suelo. 
Del río Gave en la orilla 
una Gruta se levanta, 
en la que puso su planta 
una Reina sin mancilla. 
Ante esa Gruta llegué, 
y allí a muchedumbres vi, 
y a ninguno conocí, 
y de todos me admiré; 
porque unidos como hermanos 
vi a españoles y franceses, 
belgas, prusianos, ingleses, 
griegos, suizos e italianos. 



Y LUZ 53 



Vi unidos en caridad 
ancianos, mujeres, chicos, 
príncipes, pobres y ricos: 
la verdadera igualdad 
de lleno imperaba allí. 
Vi enfermos pobres, llevados 
en brazos de potentados; 
pero sobre todo ví, 
entre aquella multitud 
prosternada y suplicante, 
pasar glorioso y triunfante 
al Dios que murió en la cruz, 
de su poder soberano 
dando pruebas evidentes... 

TOMAS ¿Ya es USté de los creyentes? (Iuterrumpiéndole) 

FRAILE Déjame acabar, hermano. 

En una inmensa explanada 
y en dos filas divididos, 
pálidos, descoloridos, 
con la enfermedad marcada 
en sus lánguidas mejillas 
y en sus cuerpos extenuados, 
mil enfermos, colocados 
muchos de ellos en camillas 
y otros en sus cochecitos, 
la procesión esperaban, 
y en su aspecto revelaban 
sufrimientos inauditos. 

Al lado me coloqué 
de uno en camilla postrado: 
un esqueleto animado 
tan sólo era, y exclamé 
al verle: «la autoridad 
no debe esto consentir; 
este hombre se va a morir, 
tenerle aquí es necedad», 
De pronto ante las camillas 

la Custodia apareció, 
y la multitud cayó 
prosternada de rodillas. 
Sólo yo estaba de pié 



54 TINIEBLAS 



y en actitud de desprecie, 

con la osadía del necio 

que no sabe lo que ve. 

Se alza la Hostia sacrosanta 

para dar la bendición; 

se oye ferviente oración, 

y un enfermo se levanta... 

La multitud se conmueve, 

yo me siento emocionado. 

¡Suena un grito! ¡Otro curado! 

¡tres! . ¡más..! ¡otro .! ¡siete..! ¡nueve, 

Y de la Custodia en pos, 

varios de ellos van andando, 

con su salud proclamando 

que está en la Custodia Dios. * 

De pronto a mi lado siento 

un ¡ay! de angustia, de muerte, 

y aquel joven flaco e inerte 

de quien hablé hace un momento, 

moribundo, agonizante 

se encuentra; su vista está 

turbada, vidriosa ya, 

cadavérico el semblante. 

«Retiradle, que se muere» 

dice nna voz, y otra dijo: 

«no se retira, es mi hijo, 

y Dios curarle aquí quiere» . 

«¡Ayudadle, Virgen Santa,!» 

la angustiada madre grita; 

y en tanto la Hostia bendita 

hacia el grupo se adelanta. 

Llega un momento sublime: 

ante el pobre pecador 

se halla, en prisiones de amor, 

el Dios que salva y redime. 

El enfermo se incorpora, 

abandona su camilla. 

¡Curado está! ¡Se arrodilla! 

y el público reza., llora... 

No sé que pasó por mí: 

de rodillas me postré, 

y hasta la tierra incliné 

mi altiva frente, v creí Pausa 



Y LUZ 



55 



TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 
TOMAS 
FRAILE 



¿Cree en Dios, Tomás, Sentí 
su presencia en Lourdes yo. 
¿Quieres confesarte? 

No. 
¿Dudas aún? 

Dudo, sí. 
Lo que te digo es verdad. 
Yo no lo creo. 

¿Por qué? 
Porque mintió y miente usté. 
¿Mentir..? 
Sí. 
¡Qué necedad! 
Tomás, no miento ahora yo. 
¿No me ha indicado usté aquí 
que antes ha mentido? 

Sí. 
Pues también ahora. 

No. 



ESCENA XII 
El Fraile, TOMAS y el Cabo 

CABO Padre ; la hora va a dar, 

sólo unos minutos tiene. 
TOMAS ¡Vayase! ¿Qué le detiene? (Al fraile.) 

Yo no quiero confesar. (VaeeelGaboJ 
FRAILE ¡Aguarde por Dios, espere! (Al Cabo mientras este 

cierra U puerta). 

ESCENA XIII 

El Fraile y TOMAS 



FfUTLE 

TOMAS 

FRAILE 



TOMAS 



(¡Ya se fué..!) ¡Por Dios, Tomás! 

Márchese, está aquí demás. 

(¡Y sin confesión se muere! 

iCielos, yo le pervertí 

y le encuentro hoy obcecado!) 

Oye... 

Ya hemos terminado. 



56 



TINIEBLAS 



FRAILE 

TOMAS 

FRAILE 

TOMAS 
FRAILE 
TOMAS 
FRAILE 



TOMAS 



FRAILE 



TOMAS 
FRAILE 



TOMAS 
FRAILE 

TOMAS 



¡Vayase presto de aquí! 

Permíteme estar, Tomás, 

en este trance a tu lado. 

Id, Bermúdez, que he jurado 

no confesarme jamás. 

(¡Dios mío, yo le engañél 

¡¡Perdón!!) ¡¡Tomás, por tú madre!! 

Márchese de aquí, mal Padre. 

No puedo marchar. fCon resolución.) 

¿Por qué? 
Porque hay aquí un solo reo, 
y ante el tribunal de Dios 
somos responsables dos... 
Yo también morir deseo. 
Responsable, solamente 
usté, puesto que ha mentido. 
Yo soy sólo un seducido; 
usté el reo, el delincuente. 
Es verdad. Razón te sobra. 
Yo sólo debo morir. 
Ahora mismo vas a huir. 
;Ea, manos a la obra! 
¡Mas, cómo, de qué manera..? 
Ponte este hábito. Esa blusa (Empieza a quitarse el 

cordón del hábito.) 
me pongo yo. No hay excus a. 
¡Ponte este hábito y afuera! (Con decisión al ver 

que Tomás vacila). 

Pero... 

¡Aprisa! ¡Vamos! ¡Anda! 
¡que no hay tiempo! ¡Presto¡ ¡listo! 
(Señalando a la entrada de la derecha). 
Aquí dentro. (No resisto: 

con tal imperio lo manda) (Vánse Tomas y el Frai- 
le por la entrada de la derecha.) 



ESCENA XIV 

El Cabo, que entra en escena y vuelve a salir. Después el Fraile y 
TOMAS, y al final otra vez el Cabo. 



Permanece sola la escena durante diez segundos, al terminarlos cua- 
les se oye descorrer los cerrujos de la puerta del fondo, por la que en- 
tra el Cabo, el cual llegará hasta e centro del escenario, desde cuyo 
sitio mirará cautelosamente hacia la entrada de la derecha. 



V LUZ 



57 



CABO (Después de mirar hacia la entrada de la derecha). 

Están en la confesión. (Vase por el fondo cuya puer- 
ta dejará cenada. Queda otra vez sola la escena el 
tiempo preciso para que el Fraile y Tomás terminen 
de cambiar de ropa; ha de ser lo más breve posible es- 
te tiempo. Entra por la derecha el Fraile vistiendo la 
blusa y la gorra de Tomás, y luego Tomás vistiendo el 
hábito dei Fraile. Escusad * es decir que entre los ac- 
tores que representen los papeles de Fraile y Tomáe.no 
hade haber desproporción notab e, así como también 
se ha de procurar la mayor semejanza en las barbas, 
pelucas, etc.) 



FRAILE 



CABO 



TOMAS 
FRAILE 

CABO 



(Entrando por la derecha) (Por mi causa iba a Sufrir 

eterna condenación). 

ía Tomás que entra por Hoy mismo tu conversión 

la derecha) en él cielo he de pedir. 

(Ábrese la puerta del fondo y entra el Cabo). 

(A Tornas, y quedándose cerca de la puerta del fondo.) 

Padre, la hora va a dar. 

¿Ha despachado ya? 

Sí. 
ía Tomás) (¡Qué esperas! ¡Fuera de aquí!) 

(Vánse Tomás y el Cnb ■>). 

(A Tomás, mientras ambos trasponen la puerta del 
fondo). 

(¿Le pudo al fin confesar?) (Cierra la puerta del 

fondo.) 



ESCENA XV 



FRAILE 



Poco al Cabo le faltó 
para vernos. Pero ya 
no hay miedo; se salvará 
mientras por él muero yo. 

Esto así. fCalándose la gorra y levanta udo el cuello 
déla blusa). 

La ejecución 
dentro de un poco será; 
oscuro aún estará, 
y es fácil la confusión 
Aunque se halle amaneciendo 



58 TINIEBLAS 



me ayudarán la confusa 

luz naciente, y esta blusa, 

y Dios a quien me encomiendo. 

(Poniendo una rudilia en tierra). 

¡Oh Dios! si tu providencia 
ordena que de esta suerte 
sufra por él dura muerte, 
cúmplase en mí tu sentencia, 
pues merezco mucho más. 
Cuando caiga ensangrentado 
mi cuerpo ya inanimado, 
¡Señor, que crea Tomás! 



FIN DEL ACTO 2.0 



ACTO TERCERO 



La misma habitación del primer acto; apareciendo la puerta de la iz- 
quierda cubierta con una cortina. La misma mesa y las mismas sillas. 

Es de noche; poco tiempo antes de finalizar el acto empezará a 

amanecer. La habitación estará ajumbrada muy débilmente por una 

bombila de luz eléct'ica. 

ESCENA 1 

LUCILA, que estará a la puerta del fondo mirando hacia el sitio donde 
se supone está el castillo de Montjuich. 

LUCHA Las seis menos cuarto son; 

encapotado está el cielo; 
apretada cerrazón 
envuelve la población 
en negro y espeso velo. 
Empieza a relampaguear. (Relampaguea). 
La oscuridad es intensa. 
Sólo tras la niebla densa 
puede el ojo vislumbrar 
de Montjuich la mole inmensa. 
Como una visión horrible, 
que al mirarla se agiganta, 
el castillo se levanta. 
Aun apenas perceptible, 
su negra silueta espanta. 
Cuando hendiendo la negrura, 
que los espacios domina, 
el relámpago fulgura, 
se ve sobre la colina 
de su mole la figura. 
Y a sus huecos enrejados, 
cuando el relámpago brilla, 
parecen verse asomado? 



TINIEBLAS 



los rostros desesperados 
de los reos en capilla. 
Allí, en oscura prisión, 
la-muerte mi hermano aguarda.. 
Pronto se oirá la explosión 
de la siniestra descarga. 
¡Oh, me salta el corazón! 
A las seis le matarán .. 
¡Sólo el muere! ¿Dónde fueron 
los que al crimen le indujeron^ 
¿Por qué en capilla no están? 
¿Es esto justicia? 

(Al ver llegar a Juan) ¡JuanL 



JUAN 

LUCILA 

JUAN 



LUCILA 
JUAN 



LUCILA 



ESCENA II 

LUCILA, y JUAN que entrará por el fondo. 

¿Cómo aquí tan temprano? 
Desahogando mis penas. 

Más bien creo 
que las aumentes más; que según veo 
miras hacia Montjuich. 

Mi pobre hermano 
espera allí la muerte. 

Y porque allí clavada 

con ansiedad mantengas tu mirada, 

no cambiará su suerte, 

ni le alivias en nada, 

y es para tí el dolor mucho más fuerte. 

A esa pena extremada 

precisas con valor sobreponerte, 

para prestar alivio a tu cuñada. 

Aliviarla quisiera, 

¿pero de qué manera 

si no hay remedio alguno a su tormento, 

y todo en derredor le causa espanto? 

Cada vez que aqu: 'lega se despierta 

en su ánimo el pavor si ve esa puerta. i 

a la piurta d la izqu ; erdh). 

Y aunque con el intento 
de apartar de sus ojos 
el recuerdo que encierra ese aposento, 
en lugar de la puerta desquiciada, 



i 



S ñaiandc 



Y LUZ 61 



coloqué esa cortina, 

es tan hondo el terror que la alucina, 

que retrocede a veces espantada. 

No me extraña, es mujer, es una esposa, 

y es muy amargo el cáliz que ella apura. 

P ero aun hay otra cosa 

triste, terrible, horrenda; 

que la infunde pavura, 

poniéndola en linderos de locura: 

y es la invencible obstinación tremenda 

del infeliz Tomás. 

Se niega acaso . . . 
Se niega a confesar. ¡Pobre María! 

Ansiosa de ganarle para el cielo, 

forzando el corazón con santo anhelo, 

subió al Castillo con ligero paso; 

instó, rogó con singular porfía, 

con súplica vehemente; 

pero todo fué en vano: 

¡morirá el desdichado impenitente! 

¡Haced, Virgen clemente, 

que se salve mi hermano! 

¿Pero no hay esperanza? 

Es imposible 
vencer su pertinacia. 

Y aun llegó al colmo su impiedad terrible: 
con bárbaro cinismo, 

con infernal audacia 

le dijo así a María: «No hay infierno, 

y si es que existe, hoy mismo 

vendré desde el abismo 

a darte de ello cuenta.» 

¡Dios eterno! 

Y esta promesaimpía 

de tal manera impresionó a María, 

la hirió tan hondamente, 

que no la aparta un punto de la mente; 

la produce congojas de agonía; 

y reflejando espanto su mirada, 

trémula, desolada 

por indecible pena; 



62 



TINIEBLAS 



» ¡pobre Tomás»; exclama, «se condena! 

»¡Se condena!» repite; luego grita 

descompuesta, alocada, 

presa de ansia inaudita, 

y se desploma al suelo desmayada. 
JUAN ¡Mucho padece! 

LUCILA. Mucho, de tal suerte 

que temo que la mate el sufrimiento. 
JUAN Puede el vivo pesar darle la muerte 

Necesario es, Lucila, 

que te hagas fuerza para hacerte fuerte, 

y consolarla. Yo entraré un momento; 

y entretanto procura estar tranquila. (Vase por la 

derecha.) 



ESCENA III 



LUCILA 



LUCILA Pero si él a Tomás ha denunciado 

no debiera de entrar. ¡Oh que tormento 
es pensar que él pudiera 
ser un traidor..! Me lo han asegurado... 
¿Mienten..? ¿me han engañado. ? 
¡Mienten' Si traidor fuera. . . 
aunque quisiera odiarle no pudiera. 



ESCENA IV 

LUCILA, SALDAN V yMARTIN. (Estos entra áu por el fondo). 
SALDAÑA 



LUCILA 
SALDAÑA 

LUCILA 
SALDAÑA 



LUCILA 
SALDAÑA 



(Entrando por el fondo)' 

Lucila. 

¡Aquí tan temprano..! 
Es que hemos visto a tu hermano, 
y por eso hemos venido. 
¿Y qué dice? 

Solamente 
una preocupación 
le turtura el corazón 
y hasta le embarga la mente. 
¿Y cuál es? 

Se desespera 



Y LUZ 



63 



LUCILA 

SALDAÑA 

LUCILA 

MARTIN 

LUCILA 

SALDAÑA 
LUCILA 
SALDAÑA 
LUCILA 

MARTÍN 

SALDAÑA 

LUCHA 



MARTIN 
LUCILA 

SALDAÑA 

LUCILA 
SALDAÑA 

LUCILA 



cada vez que en ella da; 
y en ella tan fijo está 
que yo no encontré manera 
de calmarle. 

¡Es el morir 
lo que tanto le atormenta. 
L? muerte no le amedrenta; 
sereno la ve venir. 
Entonces cjecid: ¿por qué 
se encuentra desesperado? 
Contra el que le ha denunciado 
se excita. . , 

¿Sabe quien fué? 
¿Sigue aún en la obsesión 
de que le denunció Juan? 
Todos en decirlo dan . . . 
Sin razón. 

O con razón. 
No, si Juan hubiera sido 
no hubiera vuelto aquí más. 
Por disimular quizás 
puede que hubiera venido. 
Sí, que el dejar de venir 
era a sí mismo acusarse. 
No es posible pueda darse 
tan extremado fingir, 
tan inicuo proceder. 
Y bien: ya que le acusáis 
decid: ¿qué pruebas me dais 
para que os pueda creer? 
Ni vosotros, ni Tomás 
me disteis prueba ninguna. 
Pues la hay. 

Venga sólo una, 
una prueba nada más. 
Las hay; pero tú no sabes 
por qué Tomás las calló. 
No. 

Por lo mismo que yo; 
porque son secretos graves. 
Si en asunto, que a fe mía, 
tanto me interesa, hubiera 
secreto, me lo dijera 



64 



TINIEBLAS 



MARTIN 
LUCILA 
SALDAÑA 



mi hermano. 
SALDAÑA No; pues tendría 

para enterarte del caso, 
al descubrir el secreto, 
que nombrar algún sujeto, 
y es comprometerle acaso; 
pues has de saber que alguien 
de la misma policía 
pertenece a la anarquía... 
y a Juan descubrió. 

(¡Muy bien!) 
Pero sin pruebas... 

Estás 
muy necia. ¡Por Belcebúi 
¿qué más necesitas tú, 
si te lo jura Tomás? 
¡Habías de verle, sí, 
maldecir tu mismo nombre. 
(¡Cielos!) 

Al saber que ese hombre 
viene a verte, . y entra aquí...! 
Y al verle la gente entrar 
murmuran a su sabor: 
y te hacen poco favor, 
Lucila, con mormurar. 
¡Basta! Juan es inocente: 
lo sé. Critique en mal hora 
la gente murmuradora: 
nada me importa esa gente. • 
Decís que Juan denunció: 
mas ninguna prueba dais. 
Sin motivo lo afirmáis: 
con razón lo niego yo. (Vase por la derech»), 



LUCILA 
SALDAÑA 



LUCILA 



ESCENA V 
MARTIN y SALDAÑA 



MARTIN De Juan está enamorada: 

no hay nadie que la convenza. 

SALDAÑA Mas preciso es que yo venza 
en lucha tan empeñada. 

MARTIN (Lo dudo). 



Y LUZ 65 



Saldan a. Estaré en acecho, 

y si todo sale mal, 
Martín, tengo aquí un puñal: 
se lo clavaré en el pecho. (Vanse porel fondo). 

ESCENA VI 



TOMAS que entrará por e' fondo apresuradamente y vistiendo el ha- 
j bito de fraile, y con la capucha echada 

tomas La vida otra vez me juego: 

pero verlas es preciso. (Se nsoma a la puerta de la 
derecha). 

¡Hay gente! ¡Qué compromiso! 

¡Y qué hacer? ¡Pues marchar luego. 

Sí, me pueden conocer. 

Hay que huir presto, enseguida. 

¿Mas cómo emprender la huida 

sin hablar con mi mujer? 

¡Y sin dinero..! 



ESCENA VH 

TOMAS y el Corresponsal que entrará por el fondo con su pequeña 
máquina de fotografiar. 

GORPSAL (El retrato 

tendrán del bravo anarquista 

sin duda aquí.) 
TOMAS (¡El periodista! 

Si me descubre le mato.) (Se cala más la capucha 

procurando siempre darla espalda al Corresponsal). 
CORPSAL Yo soy el Corresponsal 

artístico, fotográfico 

del famoso Siglo Gráfico; 

gran revista samanal . 
TOMAS (Le voy a dar en la testa 

un puñetazo.) 
CORPSAL Y quería 

pedir la fotografía 

del reo. (Pausa). (No me contesta.) 

¡Esto es muy raro! Pudiera 



66 



TINIEBLAS 



ser sordo). El Corresponsal. (En voz alta y acercán- 
dose a Tomás), 
soy del... 

TOMAS (Interrumpiendo). Chist 

GORPSAL (¡Es especial 

este fraile!) 
tomas (¡Le echo afuera!) 

GORPSAL (Su retrato en la revista 

será un asunto curioso. 

Haría un contraste hermoso 

junto al del bravo anarquista.) 
TOMAS (¡No aguanto más!) 

GORPSAL (Veré a ver..) 

Padre, yo desearía 

sacar SU fotografía. (Tomas h*rá señas negativas) 

(¡No quiere? Pues ha de ser.) 

Voy la luz a preparar. 

Verá que pronto le enfoco. 
TOMAS Que le voy a estrangular 

SÍ no se marcha. (Con energía y volviéndose hacia el 
Gorresponsal). 
GORPSAL (¡¡Está loco!!) (Marchase* precipitada) 

mente por ol fondo). 



ESCENA VIII 



JUAN, LUCILa, y TOMAS, éste únicamente en el momento en qne se 
asoma tras de. la cortina. 



TOMAS ¡Gente viene! Aquí me escondo. (Vas • por ia iz- 

quierda , dejand > la cortina echada). 

JUAN (Entrando por la dérech" ) 

¡Pero si no hay nadie aquí! 

LUCILA Pues yo disputar oí. 

JUAN Yo también. 

LUCILA De ello respondo. 

TOM&S (¡La V07, de Juan! ¡Le asesino!) (Asomándose tras de 

de la cortina y volviendo a retir, rse) 

LUCILA ¿Mas quién entró aquí? 

JUAii Sería 

alguno que pasaría 

por !a calle harto de vino. 
LUCILA o tal vez vana ilusión. 



Y LUZ . 67 



JUAN Voy a mirar por si acaso. (Vanse Juan y Lucila por 

la puerta del fondo). 

ESCENA IX 

TOMAS que sale del cuarto de la izquierda y coge sobre la mesa una 
cuchilla de zapatero. 

TOMAS De parte a parte le paso 

el villano corazón! 
¡Venir aún a mi casa! 
Viértase su sangre luego, 
y apagúese en ella el fuego 
de la furia que me abrasa. 

Ya llegan. ¡Ea, a vengarme! (Colocándose tras la 

puerta del fondo.) 

Mas oigo a otros hablar... 
¡Ya no me puedo vengar! 

Lo suspendo, y a ocultarme. (Vase por la izquierda 
dejando la cortina echada.) 

ESCENA X 

LUCILA y JUAN, que eu'ran por el fondo, cruzan la escena y se van 
por la derecha; SALDABA y MARTIN que entran por el fondo y per- 
manecen en la escena, y TOMAS, éste a su tiempo o sea al final de 

la escena, 

LUCILA Entra, Juan. (Al llegar junta a la puerta de la derecha 

mandándole que entre por la misma). 
(A. Salddña y Martín) Adiós. (Váuse por la derecha 
Lucila y Juan). 
MARTIN Adiós. 

SALDANA ¡Suerte tuvo, vive el cielo! 
Salió Lucila con él, 
y a eso debe el no estar muerto, 
que si llego a verle solo. . . 
Pero en fin... aquí me quedo. 

(Se sienta Saldaña y también Martín al ledo déla me 
sa de zapatero, que estará c >mo en el primer acto en e 
fondo y a la izquierda de la puer ta de la c lie y muy 
cerca o e la puerUde la izquierda que está cubierta 
ahora por la cortina). 

y cuando salga... 
MARTIN ¿Qué? 



68 



TINIEBLAS 



SALDABA 



MARTIN 

SALDANA 

MARTIN 



SALDANA 



MARTIN 



SALDANA 

MARTIN 
SALDANA 



MARTIN 
SALDANA 



MARTIN 



Nada; 
cuando salga ya veremos 
quien de los dos... 

Aquí no. 
Aquí ha de ser. 

No seas necio; 
que en manos de fa Justicia 
caerás. 

Estoy tan ciego, 
tal sed tengo de su sangre, 
que no me arredra el ir preso. 
Mátale, si tanta sed 
de veuganza hay en tu pecho; 
mátale, pero no aquí; 
que si ciego estás, no apruebo 
que trastornado ejecutes 
lo que debes de hacer cuerdo. 
Busca un sitio solitario, 
busca una ocasión: con tiento 
se deben hacer las cosas 
para no llorarlas luego 
inútilmente. 

Martin, 
hoy todo lo buscaremos. 
¿Hoy? ¿Para qué tanta prisa? 
Porque me matan los celos; 
porque el ansia de vengarme 
me asfixia ya; porque veo 
que no se consigue nada 
con artimañas y enredos. 
¿Nada? 

¿De qué nos valió 
culpar a Juan? ¡Vano intento! 
Tomás creyó la patraña; 
Lucila no la dio crédito. 
Sirvió la calumnia sólo 
para mi mayor despecho. 
Esto por lo que a Juan toca; 
que en cuanto al negocio nuestro 
tampoco dio resultado 
la denuncia. 

Por lo menos 
esa nos trajo ventajas; 



Y LUZ 



SALDAÑA 
MARTIN 



SALDANA 



que auxiliares nos hicieron 

de la policía, y ya 

somos algo. 
saldaña Pero eso 

bien poco es. 
MARTIN Es lo bastante; 

pues de burgueses hacemos 

vida, y sin trabajar nada 

cobramos decente sueldo, 

y gozamos además 

de estimables privilegios 

¡Privilegios! 

Sí, ¿no entramos 

a hablar con algunos presos ' 

a nuestro antojo, y no vimos 

a Tomás en cualquier tiempo 

en la cárcel? 

Pocas gracias: 

fué el nuevo oficio ejerciendo; 

pues averiguar querían 

si había cómplices. Pero 

lo importante, Martin, es 

que no puece el dinero; 

que ofrecieron diez mil duros, 

que hemos sido los primeros 

en denunciar a Tomás, 

y que esos duros... 

¡Qué veo! 

¿Qué? 

¡Se mueve esa cortina! 

¡Que se mueva! ¡Si es el viento! 

Pues yo juraría. 

¡Bah! 

¿Piensas que está alguno dentro? 

Pues bien, volviendo al asunto: 

digo que no me arrepiento 

de la denuncia; que al fin 

hemos librado el pellejo, 

y bueno es que Tomás muera 

pues con él muere el secreto. 

(Entra Tomás por la puerti izquierda con la cuchilla 

en la mano). 
TOMAS Y vosotros a mis manos. (Lanzándose sobre ellos.) 

SALDAÑA ¡¡Tomás!! 



MARTIN 

SALDAÑA 

MARTIN 

SALDAÑA 

MARTIN 

SALDAÑA 



70 



TINIEBLAS 






MARTIN ¡¡El demonio!! 

(Huyen aterrados por el fondo Martin 
y Saldaña tr-.pezancío ^on la mesa y derribándola al 
huir. En el momento de trasponer Saldaña la puerta le 
estará ya dando alcance Tomás, el cual desaparece tam- 
bién por el fondo. Queda un breve momento sola la es- 
cena (cinco segundos a lo sumo) y vuelve Tomás a en- 
trar por la, puerta del fondo, con la cuchilla en la 
mano.) 

TOMAS El hierro 

le alcanzó: tinto está en sangre. 
Llega gente. Aquí me vuelvo. (Vase por la puerta 
de la izquierda, cuya cortina permanecerá echada. 

ESCENA XI 

MARÍA, LUCILA, y JUAN que entrarán por la puerta de la dertcha,) 
Esta escena se desarrollará rápidamente. 



MARÍA 

LUCILA 

JUAN 

MARÍA 

LUCILA 

MARÍA 

JUAN 

MARÍA 

LUCIA 

MARÍA 

JUAN 



¡Qué ocurre? 

¡Qué ha sucedido? 
¡Si no hay nadie! 

/Se han marchado! 
¿Pero quién habrá gritado? 
Fué reyerta. 

¡Broma ha sido! 
¡Es extraño lo que pasa! 
¡Y esta mesa por el suelo! 
Tiene maldición del cielo 
sin duda alguna esta casa. 

Veo dos bultos. (Asomándose a la puerta del fondo 
y saliendo precipitadamente por ella y en dirección ha- 
cia doude se supone que está Montjuich. 

ESCENA XII 



MARÍA y LUCILA 

LUCILA (Corrieido hacia la puerte del fondo) ¡Juan! ¡Juan! 

¡Déjale! 
(Asomándose a la puerta ) ¡Virgen bendita! 

¡Corre que se precipita! 

(Suenan seis campanadas en el reloj de una iglesia, 
vecina.) 
MARÍA (Lanzándose precipitadamente hacia la puerta del 

fondo), 



Y LUZ 



71 



MARÍA 
LUCILA 
M. yL. 
LUCILA 
MARÍA 



¡¡La hora cielos!! 

¡¡Las seis dan!! 
(Mirando ha^ia el sitio dinde se supone está Montjuich 
¡¡Luz siniestra reflejaron 
las paredes del Castillo!!. 
¡¡Fué de la descarga el brillo!!. 
(Sonará el ruido do una lejana descarga de fusilería). 

HAyü 

¡rjpios Santo!! 

¡¡Le mataron!! 
¡Oh que desgracia! 

¡¡Ay de mí!! 
¡¡Al infierno fué quizás!! 
¡¡Tomás!! ¡¡Donde estás, Tomás!! 

¡¡Dónde, dónde estás? (Mientras pronuncia María 
estos tres últimos versos habrán retrocedido ella y Lu- 
cila hacia el centro del escenario y habrán quedado de 
espalda a la puerta de la izquierda, y Tomás sin ser por 
ellas visto, al terminar de pronunciar María el último 
verso, sale de dicho cuarto, y avanzando un paso ha- 
cía elias y colocándose a su espalda dice:) 



ESCENA XIII 



MARÍA, LUCILA y TOMAS 



TOMAS 

LUCILA 
MARÍA 



TOMAS 



MARÍA 



Aquí. (Al ver a Tomás, tanto María como Lucila leto 
man por un aparecido y llenas de terror dan cada una 
de ellas un grito.) 

¡¡Virgen Santal! (Huyendo espantada por la puerta 
de la derecha.) 

¡¡Madre mía!! (Quedando aterrada 
con los ojos clavados en Tomás y retrocediendo paso a 
pas<~. y aguadísima, trémula, dirá lo que sigue:) 

¡¡Huye.. mons...truo... del. . evermo.ü 
¡¡Vuel...ve . vuel...vete al. ..in... fiemo.!! 
(Tomás se había quede. do como petrificado al ver que 
le toman por un aparecido ) 

¡¡Cálmate!! !Soy yo, María! 
¡Ven a mis brazos! 

(Todas las palabras entrecortadas que ha de pronun- 
ciar María en es f a escena las dirá con relativa rapidez 
y con relativa rapidez se ha de hacer o decir todc lo 
que a esta escena se refiere;. 
(Terriblemente espantada.) ¡¡No!! ¡¡No!! , 

¡¡Ya... sé.= . que estás... con., de. ..nado... 



72 



TINIEBLAS 



TOMAS 
MARÍA 



TOMAS 



Por...que al... fraL.le aquí has... odiado... 
Dios... ese há...bito... te ..dio!] 
¡¡Pero!! 

¡¡Mar., cha ..te... de a...quí!! 
¡¡Ayü ¡¡Ayü (Dando dos gñtns terribles en el colmo 
del espanto y cayendo desplomada al suelo), 

¡¡Se muere de espanto!! 
(Cayendo de rodillas o mejor dicho con una rodilla ea 
tierra y levantando los brazos al cielo) 

¡¡Perdón!! Creo en Vos, Dios Santo!! 
¡Bermúdez rogó por mí! 
Rogó, sí; porque yo veo 
algo grande... no sé qué... 
¡Es luz..! ¡la luz de la fe! 
¡Perdón, ¡Señor! ¡Creo! ¡creo! 



FIN DEL DRAMA 



ADVERTENCIAS referentes al segundo acto. 



Una pequeña mesa arrimada á la pared del fondo servirá de altar 
á un crucifijo, al que alumbrarán dos velas de cera. Gomoelcalabozose 
supone que está únicamente alumbrado por esas dos velas, habrá en 
la escena luz escasa. 

Al final de la escena 4. a en el momento en que Saldaña y Martin 
se acercan á la puerta del fondo para marcharse, entrará por dicha 
puerta e 1 Corresponsal, saliendo ellos al entrar éste. 

Al final de la escena 5. a , al marcharse el corresponsal, fingirá mi- 
rar hacia afuera por la miri:la de la puerta del fondo, como para indi- 
car al Cabo que le abra la puerta. Lo mismo hará María al marchars» 
al terminar la escena 6. a Al abrirse y cenarse la puerta s« dejará ver 
un momento el Cabo, que e«* quien la abre y la cierra. 

Durante la escena 7. a estará cerrada la mirilla de la puerta y tam- 
bién estará cerrada la mirilla durante las escenas 11, 1$ y 13, vién- 
dose que se descorre al principio de la escena 14, momentos antes de 
er, 'ir el Cabo por primera vez en dicha escena. 



u